lunes, 26 de junio de 2017

Un feliz error

Ayer me sentía algo emocional. Mientras miraba las luces de la ciudad desde una oficina oscura, trataba de rastrear el último momento en el que había sido feliz. La respuesta estaba en el fútbol: jugarlo me distrae y me satisface, me da vigor y un propósito. Disfruto el cansancio posterior, el viaje de vuelta hasta mi casa, por lo general con alguna raspadura o algún golpe. Esa fue una felicidad íntima, solitaria, de un mes de antigüedad. ¿Pero cuál había sido la última vez que alguien me había hecho feliz?

lunes, 1 de agosto de 2016

Esto pasó en algún punto de octubre del año pasado

Hoy vi a Alfonso. Estaba de paso por Bogotá, guiando a un grupo de estudiantes de la universidad en la que trabaja. Al encontrarlo en la calle que me había indicado me di cuenta de cuánto lo quiero, y además de cuánta falta me hace un par con el que pueda hablar francamente. Por un momento había descartado el largo viaje hasta el centro, de hecho lo había llamado con la intención de decirle que no podría ir, pero al escuchar su voz se avivó mi necesidad de compañía y de afecto, así que le dije que nos veríamos en un par de horas. Me acerqué al grupo y lo saludé. La barba que ahora se deja crecer parece marcar el hecho, apenas natural pero en cierta medida doloroso, de que el Alfonso actual es uno distinto al que conocí. Salvo el otro profesor que guiaba y que me presentó, ignoré a las demás personas que estaban con él.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Un recuerdo de colegio

Un día llegó un profesor al salón y dijo: “Vamos a salir a tomar las fotos del anuario”. En esa época yo aún era parte del grupo de ñoños, aunque no recuerdo haber sido tan estudioso como ellos. Solo me dejaba llevar por ese aire de buenas notas y le sacaba provecho, como cuando había trabajos grupales. Sin embargo, para entonces mi lugar en ese grupo parecía debilitado. Al fin y al cabo, ellos se conocían desde primaria, y yo había llegado al colegio en séptimo.

Nos dijeron que para las fotos solo se podían armar grupos de ocho. Cuando vi a mis compañeros contarse me dio la impresión de que me estaban dejando por fuera. No recuerdo bien cómo ni por qué llegué a esa idea. Quizás yo mismo me puse a contarlos y vi que sería el noveno, o probablemente lo que me irritó es que estuvieran contemplando agregar a su foto a otro tipo que no tenía nada que ver; el caso es que me convencí de que no iba a aparecer junto a ellos en el anuario. Desencantado y con algo de rencor, me separé deliberadamente y me puse a caminar por ahí mientras el profesor tomaba las fotos. De algún modo terminé junto a los renegados del salón: un par de repitentes y otros más con los que a nadie le interesaba tomarse fotos. Uno se la pasó burlándose de las abundantes cejas del profesor: deformaba su apellido de Cerón a Cejón y lo llamaba a los gritos: “¡Cejón! ¡Cejón!”. Ese año aparecí en el anuario con ellos: una foto de seis, en la que tengo cara de amargado.

Justo después de mi foto tomaron la de los ñoños, acostados en un montículo de pasto. Mientras volvía al salón uno de ellos, aún en su pose fotogénica, empezó a decirme “Voltearepas”. Eran siete.


Creo que ese fue el día en que se quebró mi amistad con esos compañeros. Luego de eso seguimos andando juntos un tiempo, pero gradualmente empecé a alejarme y a sacar notas cada vez más mediocres, hasta que perdí un año.

martes, 16 de septiembre de 2014

Registro de un romance fallido

  • ·         6:40 PM 6/3/13. Soy Amanda. Mi hermana se quedo con el otro cel, mandame tus sms por este. :)
  • ·         8:05 PM 6/3/13. Adi, por donde andas?
  • ·         11:55 AM 8/3/13. Sin grandes novedades. Como la estas pasando tu, zanguanguito? :)
  • ·         12:51 PM 8/3/13. Quieres que nos encontremos a las 3 en Unicentro?
  • ·         12:59 PM 8/3/13. Llamada perdida.
  • ·         1:42 PM 8/3/13. Por donde andas? Yo estoy en el Mac Donalds.
  • ·         7:43 PM 8/3/13. Adi, dime que estas bien… Me siento terrible.
  • ·         7:58 PM 8/3/13. Perdoname.
  • ·         8:08 PM 8/3/13. Y ahora… En que estado queda nuestra amistad?
  • ·         8:22 PM 8/3/13. Hasta mañana, Adi. Que descanses…
  • ·         8:25 PM 8/3/13. Triste.
  • ·         8:26 PM 8/3/13. Ok. A que hora me llamas?
  • ·         8:32 PM 8/3/13. No puedo, tengo q estar aca. Llamame cuando termines con esos tramites.
  • ·         8:41 PM 8/3/13. Mañana a partir de 9.30.
  • ·         8:45 PM 8/3/13. Ok. Hasta mañana…
  • ·         12:20 PM 9/3/13. No Adi, hoy estoy cansada y necesito tiempo.
  • ·         12:35 PM 10/3/13. No me quedan minutos. Llamame a este num:
  • ·         12:54 PM 10/3/13. Llamame.
  • ·         1:05 PM 10/3/13. No me puedo comunicar.
  • ·         1:08 PM 10/3/13. Ok.
  • ·         3:40 PM 10/3/13. Vuelve a llamar.
  • ·         3:49 PM 10/3/13. Mañana por la tarde te confirmo hora y lugar.
  • ·         7:52 PM 11/3/13. Ok
  • ·         10:07 PM 17/3/13. Okis! No problem. :) Como andas, locuelo?
  • ·         10:13 PM 17/3/13. Este fin de semana. Tendria q fijarme si sab o dom. El sab te confirmo. Q aburrida q estoy! Jajaja
  • ·         10:20 PM 17/3/13. Ah no quieres que te llame por tel?
  • ·         11:37 PM 18/3/13. Q tipo d libros? Historia, lit, interes general?
  • ·         11:07 AM 21/3/13. Posterguemos el asunto de los cursos hasta el miercoles. Que tengas un dia maravilloso, estimado Adaleon! :)
  • ·         11:16 AM 23/3/13. Llamada perdida.
  • ·         6:51 PM 23/3/13. Llamada perdida.
  • ·         11:16 PM 23/3/13. Y su dueña, también. :)
  • ·         11:53 AM 24/3/13. Good morning, loc! Acabo de leer tu ultimo sms. Que necesitabas?
  • ·         1:45 PM 24/3/13. Contesta lacra! Jajaja
  • ·         1:49 PM 24/3/13. Jajaja, que clase de videos? Estas mas que disculpado.
  • ·         1:54 PM 24/3/13. Autoayuda? Jajaja. Deberias estar hojeando alguno de mis libros, vil ingrato! :)
  • ·         2:10 PM 24/3/13 Puede que si. Continua disfrutando de tu fuente de entretenimiento. :) See you!
  • ·         10:38 AM 25/3/13. Hola. Me acabas de despertar. Jajaja. Como andas?
  • ·         12:11 PM 26/3/13. Ey loc! Nos encontramos a las 3?
  • ·         12:14 PM 26/3/13. Ok!:)
  • ·         1:42 PM 26/3/13. Mejor… a las 4.
  • ·         6:07 PM 13/6/13. Llamada perdida.
  • ·         4:37 PM 17/6/13. Soy Amanda. No voy a poder ir. Perdoname.
  • ·         6:24 PM 19/9/13. Soy Amanda, tuve problemas, llegue una hora mas tarde y no pude llamarte. Vienes para aca?


En el encuentro de ese último mensaje la besé mientras nos despedíamos. Ella, después de su tímida respuesta, se arrepintió, y su mirada fulminó el valor de mis labios.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Relatos salvajes

El único salvajismo de Relatos salvajes es el del director contra el espectador y contra sus personajes (sobre todo si no son de cierta clase). Lo que sigue tiene spoilers, y lo escribí a propósito de la gran cantidad de opiniones que he visto respecto a la película, tan encontradas como apasionadas, que me motivó a tomar una posición como alguien que está estudiando cómo construir una historia creíble, comprometida y eficaz. Cada número corresponde a un relato, en el orden en que aparecen:

1. Nunca terminé de tomarme en serio la historia del avión, y cuando estaba resignándome a dejar pasar su increíble cadena de "coincidencias" resultó un giro forzado, cuya única (mala) sorpresa es el guiño al atentado de hace trece años.

2. El que escribió el guion, en su empeño de ganarse la simpatía del espectador a punta de cosquillas, demuestra una enorme torpeza en este diálogo, que además sale en el trailer:

—Buenas noches, ¿uno solo?
—Veo que sos buena para las matemáticas [inserte risas de condescendencia aquí].

Asumamos que esa respuesta retrata la grosería del cliente. Sin embargo, lo que ocurre a continuación desvirtúa totalmente este diálogo: el hijo del cliente llega al restaurante. Por la forma en que lo recibe resulta evidente que estaba esperándolo. Así que eran dos. Mesa para dos. La pregunta de la mesera entonces no tenía la intrascendencia que el cliente quiso poner de manifiesto.

Esta es solo una falla puntual al servicio del gigantesco despropósito que motiva el crimen final. La mesera da un parlamento demasiado explicativo para dar a entender que ese cliente es un “hijo de puta”. La cocinera responde y se identifica con este supuesto drama de inmediato. Ni una pregunta. Le basta que la mesera se muestre un poquito alterada por un señor para sugerir un homicidio, que termina cometiendo desde un argumento más bien postizo, o demasiado abstracto para una asesina impulsiva. O quizás el problema es que no tenemos ni una sola pista de las motivaciones de esa mujer para creer que quiera matar a un cliente solo porque inquieta a su compañera de trabajo. El hecho de que haya estado en la cárcel por algún motivo no basta.

3. La historia de los dos conductores es, en medio de este desastre, lo más creíble. El conflicto se establece en una situación creíble y escala más o menos bien. Lo que dice el forense al final, en la escena del crimen, es otra de esas cosquillitas que solo dan rabia.

4. El problema del tipo de las bombas es que es un simple psicópata, que por lo visto tarde o temprano iba a terminar matando a alguien (así como la cocinera de 2). Esta historia es la más ridícula de todas porque pretende ser seria y acusar al “sistema” de injusticias más bien triviales. Cuando la gente se reía o aplaudía esto en el teatro me parecía que eran personas que creían que estaba bien cometer atentados terroristas por simple desquite contra la burocracia de las multas. La escena final de esta historia es absurda, patética, mal hecha, horrible, ridícula: el pináculo de la payasada y el momento en el que me di cuenta de que esta película era decididamente mala. La tensión establecida entre los personajes se va al diablo: la esposa, que se quería divorciar, termina llevándole torta de cumpleaños al tipo ¡en la cárcel! Y a medida que ella avanza en la sala de visitas o el comedor o lo que sea, los otros prisioneros vitorean y aplauden. Incluso los policías aplauden, y la hija —una niña como de doce años— va en medio de esto. Todos celebran y ensalzan a “Bombita”, quien aparece perturbadoramente feliz.

5. Oh, luego viene una historia de una tremenda atrocidad contra lo que este director debe considerar “gente inferior”. Un niño rico atropella a una embarazada (tenía que serlo para darle trascendencia al asunto, supongo) y se escapa. El padre, para evitarle el problema a la criatura, le sugiere al cuidador de su flamante mansión que se eche la culpa a cambio de un montón de plata. El protagonista debería ser el niño rico, pero no: el director decide prestarle atención al padre solo para hacer ver mal al sistema judicial y poner de relieve la codicia de los abogados.

Yo creo que alguien le dijo esto al director:

—Dale, la película se llama Relatos salvajes. Algo salvaje tiene que pasar.
—Ya sé. Hagamos que maten al cuidador en una escena rápida al final.

Sin embargo, pierden de vista que lo más salvaje es la visión utilitaria y denigrante que se hace sobre ese cuidador, quien accede porque de otro modo no habría historia.

Concedamos que hay un punto en el que el padre se da cuenta de que el hijo tiene que asumir la responsabilidad de sus actos, pero lo hace más por frustración con los que lo chantajean que por una base moral. La escena en la que el niño rico dice que se hace cargo del asunto parece sacada de una comedia.

Dirán que hay gente así, que piensa en sus empleados de esa forma, y sí, ¿pero es necesario hacer que la charada esa les salga bien y encima que el pobre cuidador se muera? ¿Eso no es como validar ese tipo de comportamiento? Y además, si no fuera por un botellazo o lo que sea que le sacan de la nada, ¿qué pitos toca esa historia en el contexto propuesto?

6. Ya se termina, gracias a Dios. La última historia parece irse al diablo solo por darle lugar al despliegue cómico de la actriz Érica Rivas. Esta señora actuó en la versión argentina de Married… with children y tuvo reconocimiento por su papel de Marcy (María Elena en la adaptación). En esta ocasión me parece que ella solo interpretó el mismo papel, pero dándoles rienda suelta a sus compulsiones violentas. La escena del techo del edificio involucra a un personaje traído de los pelos, y en el vodevil de histeria y arrebatos en el que consiste el matrimonio los personajes son simples invitados de cartón que reaccionan a conveniencia del director y de su manía de sacarle risas al público. Aquí sí que hace eso.

Ahora bien, esa última historia me hizo dudar sobre las pretensiones de este director, porque lo que al principio parecía moverse sobre cierta sobriedad termina derrapando en una pareja de novios que tienen sexo encima de un ponqué, por una salida más graciosa que trágica. Intuyo que ni él mismo lo sabe, o habrá pretendido hacer una cosa cómica con unas historias y otra en serio con otras, pero eso ni siquiera deja que uno tome una posición frente a la violencia que mueve a los personajes, que parece tan gratuita como exagerada y que creo que pierde al público incauto, porque este termina riéndose de cosas muy graves o pierde de vista las cosas pesadas que ponen en juego los personajes en sus arranques de locura. Lo que se presenta como una locura momentánea parece más bien una locura latente a la que la gente —al menos los que estaban ahí en la sala conmigo— responde con un agrado espantoso. Es como si estas personas complacieran una morbosa fantasía en la pantalla. Estoy seguro de que aquellos que la defienden validan en cierto grado alguna de las formas de violencia y crimen planteados, y eso habla más de ellos que del supuesto talento de un director de cine.

viernes, 15 de agosto de 2014

La palabra del mudo

Quienes me conocen saben el cariño especial que tengo por Julio Ramón Ribeyo, también saben que he buscado por años su obra, especialmente la palabra del mudo (cuentos completos) y la tentación del fracaso (parte de sus diarios).  Una búsqueda Ardua en Colombia, pero casi sin sentido en Argentina donde no se publicó prácticamente nada suyo y donde es un completo desconocido.

En mi paso por Perú logré hacerme con dos de sus novelas: Los geniecillos dominicales y crónica de san Gabriel, pero de sus obras mayores tan solo una pequeña edición pirata llamada la palabra del mudo, un librito rojo con unas extrañas caras superpuestas dentro de girasoles. En su interior tiene errores tipográficos en abundancia y solo unos veinte cuentos de Ribeyro, cada uno acompañado con una de sus frases célebres. Libro que para mí tiene una gran carga de afecto por lo que significó su búsqueda y su encuentro.


Hace unos meses estuvo la posibilidad de conseguir la palabra del mudo en Colombia, en la feria del libro, pero por falta de seriedad de las personas que podían ayudarme y por supuesto por la distancia todo se vino abajo. También estuve a punto de quedarme con la tentación del fracaso en Lima, pero problemas de distancia y de cambio de monedas lo impidieron de nuevo. Cuando mis esperanzas habían vuelto a quedar flotando, apareció en internet una publicación de la palabra del mudo, editado en España en dos mil diez. No lo pensé demasiado, me aventuré hasta la librería en pleno centro de Buenos Aires y pude hacerme con el libro. La alegría fue inmediata, me cambió la cara amarga y una semana dura, por párrafos de felicidad y una enorme sonrisa. Contar con los cuentos de Ribeyro es contar con parte de su amistad y de su agradable compañía. Ahora solo queda ponerme al día, habitando esos mundos que le heredó a la humanidad.

viernes, 11 de julio de 2014

Octubre 10 de 2013

Hoy llegó N. a la clase, tan primorosa y tan radiante como siempre aparece ante mis ojos. Tenía el pelo mojado. Sus curvas me provocan en esa forma lasciva que despierta mi parte animal, y su rostro entusiasma mis idealizaciones y fantasías románticas. Esta combinación tan perfecta, tan justa en su medida, que pocas mujeres alcanzan… me vuelve loco, me subyuga, en particular cuando se contrasta con mi incapacidad.

No había mucha gente. De los siete alumnos, solo dos —ella y yo— éramos de la carrera; los demás tomaban el curso como estudiantes externos. Probablemente esto fue el sustento de la complicidad que hoy me mostró con más énfasis que antes. Yo le señalé unas hojas rosadas en las que ella había imprimido un archivo. La verdad es que yo también estaba en un ánimo raro, más aventurado de lo normal.

Como siempre, llegó un momento en el que la profesora nos puso a hacer un trabajo idiota sobre una entrevista. A mí no me interesaba en absoluto, y de hecho estaba leyendo otra cosa en mi celular, hasta que la profesora hizo un comentario al respecto. Yo no tenía la entrevista a mano.

—Dale, Jeremías, vení —me dijo N., que ya estaba asociada con otra compañera.


lunes, 21 de abril de 2014

Sobre el futbol

El futbol siempre significó muy poco para mí, lo practiqué de niño en la carretera frente a mi casa, junto a mis amigos del barrio, y en ese entonces un par de piedras que marcaban los arcos y un balón eran suficientes para compartir alegrías que para mí no pasaban por hacer goles o jugadas; sino por el hecho de jugar y compartir con ellos. En el colegio lo practiqué poco, solo cuando no había opción de ir al club de ajedrez o cuando a falta de jugadores tenía que llenar el hueco faltante para el equipo. No lo jugué más porque no soy bueno, pero principalmente porque no me apasiona, no mueve en mi ninguna fibra que me conecte con el alma.

Por otro lado, verlo me interesó un poco más, cuando me despertaba los sábados a la mañana encendía el televisor y veía fragmentos de los partidos de la Premiere League de Inglaterra. Había (aún hay) muchas emociones y estrategias que me gustaba observar incluso sin tener gran idea de los equipos que jugaban. Con el tiempo, se volvió para mí un hábito alternar los partidos de la premiere con las carreras de la fórmula uno. Fue tanto el interés que terminé por aseverar que era fanático del Manchester United. Sin embargo, con el paso de los años esto se fue disipando mientras iba explorando mi verdadera pasión deportiva, el tenis. Durante muchos años el futbol desapareció de mi vida y me volqué a las canchas de tenis donde me siento realmente feliz.

Aquí en Buenos Aires, desde un tiempo para atrás ha vuelto el futbol a mi vida. Sin darme cuenta del todo me descubría viendo futbol a granel: Champions League, premier League, Sudamericana, Libertadores. Solo hace poco empecé a pensar en esa conducta como un síntoma, el futbol es tan universal que siempre que prendo el televisor me puedo ocupar en ver algún partido. Pero ¿por qué querría yo ocupar mí tiempo con futbol? Porque este me permite huir, no hacerme cargo de mismo, no puede ser con tenis u otra de mis pasiones porque no son tan masivas y fáciles de conseguir como el futbol. Aún sigo viendo futbol pero no con esa capacidad enorme que lo hacía unos meses antes, pero ahora sé que tengo que dejar un nuevo escape y seguir bajando a las profundidades de lo que sea que consume mis energías y que dejan a mi alma en la más absurda y desalentadora oscuridad.

viernes, 11 de abril de 2014

Por qué no estoy escribiendo

Debería revisar mi motivación. Todo partía de la sensación de extrañeza, de mi soledad, de mi insatisfecha necesidad de amor. Todo partía de la frágil visión que tenía de mí mismo, de verme como un ser debilucho e inútil. Trataba de compensar todo eso con algo de magia y de fe. Aspiraba de una forma casi religiosa a algo que me salvara o me redimiera, que limpiara el pecado de mi cobardía. Así que escribía. Ahora no puedo. Todo lo que hago me sabe a raro, a metálico. El fuego eterno se apagó: el hambre, las ganas de ir adelante, contra todo y con todo. Mi rebeldía, mi mal genio, mi impotencia como hombre y la enorme ausencia de mi madre me impulsaban. Todas esas cosas siguen ahí, pero ahora parecen hechas ceniza. Antes eran fuego, vida. Ahora se han secado y se han convertido en una costra de resignación, y quizás de algo de resentimiento.

Lo que sé es que detrás de todo eso lo principal era mi búsqueda de amor. El amor fue el que me hizo empezar a escribir, el amor fue el que me mantuvo despierto muchas noches. La posibilidad de amor fue la que me hizo querer dar pelea. Pero el tiempo ya ha pasado. Lo digo como un anciano, y probablemente en cierto modo lo sea, porque presiento que tengo la muerte cerca. ¿No podría entonces ser esa una especie de madurez, de revelación? ¿No podrá ser esta voz de anciano la de alguien que empieza a revisar su existencia antes de dejarla? No digo que me vaya a autodestruir porque ya crucé ese límite. Debo reconocer que la ilusión de escribir y la del amor —la del amor que aún creía poder conseguir una vez me redimiera— me salvaron. Creía que escribir me permitiría alcanzar el amor, y de hecho fue así. Sentí el amor del mundo, el amor superior, el amor fraterno, pero del amor visceral, el amor de carne, de cuerpo, de mujer, de ser humano, me resultó tan esquivo que llegué a concluir que me está prohibido. Deberían bastarme las otras formas de amor, más espirituales y perfectas, pero tengo un cuerpo humano, así que no.

De manera que todo es una justificación de eso, de por qué el amor puede serle prohibido a alguien. De cómo una naturaleza inclinada a lo oscuro, a la tristeza y al dolor mancha y anula cualquier necesidad de luz. De cómo no hay salvación. De cómo la fe no basta. De cómo no hay cura. De cómo se vive como un alma condenada. Eso creo: hay almas que tienen que pagar una condena, porque se hizo algo malo antes. Esas almas vuelven a cumplir un ciclo en esta vida, pero cargan con un castigo, con una seña. Creo que mi alma es una de ellas. La sangre teñida de negro es la materialización de eso en Adaleón.


He ahí el problema: que dejé de creer en la salvación, mis esperanzas se están apagando. ¿Entonces qué sentido tiene llevar a Adaleón a otra revelación tan triste como la que yo estoy teniendo? Sería fracasar doblemente. Podría decirse entonces que la literatura es el camino, que ella me ofrece esa posibilidad, que si yo no pude en mi vida, Adaleón sí. Pero es muy difícil escribir sin fe y sin amor, sin fuego eterno. Es muy difícil sin convencimiento. Es muy difícil cuando ya no se ve ninguna salvación en el mundo real. Me estoy resignando poco a poco a esperar mi momento, el fin de mi condena. Trataré de no hacer daño, de no destruir nada, mientras espero tranquilamente mi libertad. Podría construir tal vez, escribir esa gran novela que todos dicen ver, pero la verdad es que estoy muy desilusionado y no veo de qué pueda servir, si eso no embellecerá ni salvará a nadie.

lunes, 7 de abril de 2014

Sobre algunos jugadores de Arsenal

El domingo Arsenal jugó contra Everton a las 9:30 de la mañana de Argentina. Ese mismo domingo me fui a dormir a las seis y media de la mañana. Programé la alarma para tres horas después, pero no sé si sonó o no. Seguí derecho hasta mediodía. Mi cuerpo y mi mente han asumido del todo que debo dejar atrás a Arsenal. Mi corazón… todavía se mueve un poco cuando lo mencionan, cuando pasa algo relacionado con el equipo, cuando sé que va a jugar, pero decidí anular ese impulso por razones que no explicaré ahora.

lunes, 24 de febrero de 2014

Kitchen



Me alegra no haber conocido a Banana Yoshimoto por medio de su primera novela, o nouvelle, Kitchen. Esta obra es la más nombrada de la autora y a mi parecer la menos entretenida. Por supuesto que tiene su magia, que ya permite ver algunos vestigios de la literatura de esta escritora japonesa. Pero a mí me parecer está aún verde, y es normal, es su primera novela. Creo que lo que se evidencia en Kitchen es una excesiva atención en la aventura física del personaje que hace que se siga obsesivamente una ruta lineal que termina por descuidar los elementos y personajes mágicos que la novela fue creando.
No digo que la novela sea mala, porque no lo es, de hecho disfruté mucho de su lectura, más allá de que me encontré con algunos elementos que no sé, si por descuido de la autora, o por problemas de la traducción lograban sacarme de la historia narrada por Mikage.
La novela empieza bastante bien, quizás demasiado bien y eso es lo que termina afectando el texto, que no logra mantener la promesa de gran libro de su inicio: “Creo que la cocina es el lugar del mundo que más me gusta. En la cocina, no importa de quién ni como sea, o en cualquier sitio donde se haga comida, no sufro. Si es posible, prefiero que sea funcional y que esté muy usada. Con los trapos secos y limpios y los azulejos blancos y brillantes”. 


Mientras escribo esto se me ocurre que quizás una de las cosas que más me molesta es el título, porque promete una aventura ligada a la cocina como espacio mucho más profundo de lo que termina siendo. Por supuesto que la autora no se olvida de la importancia de la cocina en el relato, y que lo usa lo más que puede dentro de su obra, pero pocas de sus escenas logran sostener esa relación espiritual que hay en la primera parte del libro con la cocina. La impresión que me queda a mí, es que la escritora se enamoró de ese primera página que escribió y no quiso modificarla al final, pese a haber escrito una novela, que como es normal en literatura, fluctuó hacia otros lados.
Cuando digo al principio que me alegra no haber conocido a Banana con esta novela, lo hago con alivio y con mucho respeto, Banana Yoshimoto es mi escritora fetiche, leo todo lo que encuentro de ella. Realmente me gusta habitar sus mundos, conocer a sus personajes. Y creo que todo esto no hubiese pasado si mi primer contacto hubiese sido Kitchen. El libro, que está “dividido” de forma extraña, presenta tres partes, Kitchen propiamente dicho y Luna llena que corresponden a la historia de  Mikage Sakurai. Por otro lado, cuando parece que vamos a leer la última parte de la novela aparece un tercer subtitulo llamado MoonLight Shadow que para mi sorpresa mayor corresponde a un cuento aparte, sin relación aparente con Kitchen. Si, sin un final tan claro, Kitchen se acabó y empezó esta otra historia, por cierto, la más hermosa del libro. 
En esta Satsuki se ve enfrentada a la perdida de su novio Hitoshi. Durante esta fantástica historia nos vemos acompañados no solo de unos personajes hermosamente logrados como en Kitchen sino de una trama y un manejo del ambiente perfecto , lo que le da al cuento una altura, profundidad y a mi gusto, religiosidad que te atrapan de forma maravillosa y que no consigue Kitchen.
No sé porque aparece este cuento allí, como un sobrante, al final. Pero hay que agradecerlo porque es un cuento hermoso que poco tiene que ver con las cocinas, pero si mucho con la muerte y sus ecos, al igual que Kitchen.

lunes, 27 de enero de 2014

Viernes 24 de enero de 2014




Hoy, después de casi dos meses, me sentí de nuevo un ser humano. Sí, un ser humano. Y es que he descubierto que cosas tan simples como ponerme un pantalón largo, una camisa y medias me hacen sentir vivo y cómodo.

En Buenos Aires estamos pasando por una de las oleadas de calor más fuertes de toda la historia y he tenido que llegar al punto de usar shorts, bermudas y hasta chancletas para poder medianamente darle la cara al mundo. Viviendo esa incomodidad por tantos meses fue un alivio que hoy pudiera simplemente vestirme, salir a caminar y sentirme vivo, sentirme humano.

Disfrutaré este fin de semana de tregua porque la otra semana se viene de nuevo el calor y tendré que volver a las incomodas andanzas que me alejan de mi confort y humanidad pero me permiten sobrevivir ante la fuerza del clima que me pone a soñar día tras día con la llegada, aún lejana, del invierno.

sábado, 25 de enero de 2014

Enero 25

- Me acabo de dar cuenta de que la razón por la que no estoy escribiendo bien es que estoy demasiado encerrado. Si bien detesto hablar con otro ser humano que apenas conozco, si bien cualquier cosa me molesta de cualquier persona, necesito estar entre seres humanos funcionales, que tienen pareja y trabajo y casa y quizás hijos y hasta un perro. Necesito rodearme de eso que me resulta tan ajeno e inalcanzable, sintiéndome como un intruso, como un vigilante, como un fantasma que registra. Yo no soy más que eso. De eso se trata lo que escribo y quizás esa es mi forma personal de absorber energía: capturando a los demás —antes dibujándolos, hoy escribiéndolos—, robándoles partes para mis propias creaciones. En estos últimos días he acentuado demasiado mi encierro.

A propósito de eso, también sé que Argentina es mi cueva, que este es el lugar al que vine para hacer cosas que nadie sepa y sin que me vean ni midan el paso del tiempo en mi cuerpo o en mi rostro. Argentina es el refugio al que escapé, en el que me aislé del que todavía considero mi mundo real. El de Argentina es un estado mental y espiritual, un retiro, quizás un largo viaje a bordo de una novela frágil que hace agua en cada tormenta.

Lo que yo soy acá no es el Capablanca de verdad, pero sin duda, cuando vuelva a la realidad, cuando despierte de este profundo coma, quedaré marcado por el álter ego con el que me muevo actualmente. Probablemente hable distinto, probablemente mire de forma distinta, probablemente me sientas distinto, probablemente huela y me mueva de otra forma (¿más ligera? ¿Más pesada?), y es probable que esas secuelas no te gusten.

miércoles, 22 de enero de 2014

Una carta de amor para un concurso de hace años

Sobre esta carta cuento que la escribí en el 2008 para un concurso de epístolas que la tertulia Liberatura hace anualmente, el cual gané (creo que me dieron 8 mil pesos, mil por cada participante inscrito), y que iba dirigida a alguien que me gustaba mucho en ese entonces (y aun ahora, aunque de forma diferente). Seis años después la releo y la encuentro empalagosa, saturada de barroquismos, un poco lastimera. Pero no me disgustó nada de esto. Incluso me divertí en la relectura y me reí un poco de ese Alfonso que, además de intentar sacarse un diablo de la cabeza, quería ganarse unos pesos para la cerveza (o para comer alguna arepa rellena o empanadas; me inclino más por la opción alimentaria), bajo un seudónimo que saqué de una página que aparentemente arrojaba el equivalente de mi nombre en idioma élfico: Lólindir Elanessë.

Realmente no tengo muy claro qué busco al publicar esta carta. Pienso en las razones y se me ocurren varias, sin que ninguna me convenza a pleno. Quizás al publicar esto aquí sienta que existe la posibilidad de que la mujer a quien iba dirigida la carta desde un principio la lea, así jamás llegue a saber que es ella la destinataria. Puede ser que solo quiera compartir algo aquí y sacar un poco del abandono este blog, o más bien sacarlo de mi abandono, que quiero asumir esta vez como una falta; así que, para reactivar esto con celeridad y al no haber escrito algo nuevo últimamente, recurro de nuevo a textos viejos pero "inéditos".  O tal vez quiera llamar la atención, como es usual, e incluso ir más allá y esperar puerilmente que cualquier otra chica lea la carta, se conmueva con sus letras y me ofrezca salir con ella y quiera ser la musa de nuevas y más excitantes cartas...


-Bueno, ya, contrólese, que se le notan demasiado las ansias. Compórtese, carajo, o lo hago comportar yo, descarao.

Bueno, me controlo, aunque no entiendo por qué cree que puede amenazarme. Contrólese usted, también.

-Está bien, está bien, también me calmo. Pero por favor, deje la majadería.

Ah, ya comenzó de nuevo... mejor hablamos luego. 


Pueden ser todas las razones o ninguna de ellas. Lo cierto es que está el deseo de hacer pública la carta. Y como suele pasarme con ciertas ideas persistentes que me llegan de repente, ese deseo me picaría en la mente con fuerza si hiciera caso omiso o no atendiera oportunamente a su llamado. Dejo entonces la carta, sin ediciones ni modificaciones, y no molesto más la vida por hoy, esperando de verdad molestarla en breve y poder así decir que volví a este espacio. 


P.D.: Originalmente, la carta que entregué estaba en físico, por lo que habrán referencias a la hoja de papel que ya no aplican al presentarla en este formato. Espero sepan comprender....

miércoles, 8 de enero de 2014

8 de Enero de 2014

Busco razones para seguir escribiendo una novela que hace meses dejé de escribir. Busco y busco (en verdad que busco) pero entre más lo hago, más lejano me siento de todo. Como si encontrarle algún tipo de sentido a esta novela pudiera poner en peligro mi existencia(o quizás mi salud).

A veces pienso que esta búsqueda no es más que un alargamiento de mi huida, porque eso si lo tengo claro, estoy huyendo de todo, una buena excusa para seguir perdido, anestesiado en la nada; como estos años de exilio dentro de mi mismo. Porque el lugar donde menos estoy es en Argentina, aunque el afuera intente demostrarme lo contrario. Yo lo sé; sigo atrapado en un lugar sin nombre y sin salida.