viernes, 25 de diciembre de 2009

Nostalgias 1.2

Ese gran impulso que ha tenido la industria de los videojuegos en los últimos años ha hecho que muchas personas de todas las edades deseen dentro de su sala una consola. Este eco ha llegado hasta los límites de mi existencia: padres de familia, amas de casa y compañeros en general me han expresado sus deseos de adquirir una consola de última generación (Xbox 360, PlayStation, Nintendo wii). Otros no me lo han contado sino mostrado, con invitaciones indirectas a jugar donde me hacen saber la nueva joya de la casa. Estas situaciones me han llevado a desear con muchas ganas hacerme a una de estas maravillas, pero sé, que esto sería un gran inconveniente para mis sueños, teniendo en cuenta el desordenado ritmo de vida que llevo y que por ahora no logro ordenar.

Mientras la vida transcurre cada vez más conectada a los mundos posibles ofrecidos por los videojuegos, yo los saludo de lejos, les doy la mano, les guiño el ojo, pero me despido de inmediato, no vaya a ser que me encante de nuevo con todas las posibilidades de la virtualidad y termine como en otras ocasiones, viviendo la vida de otros personajes atrapados en Megabytes, mientras el tiempo se encarga de llevarme a donde buenamente se le ocurra. Mejor no escribo más, solo hace que me ilusione mas con la idea y es mejor no tentar…

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Autocensura

De pronto eso es lo que pasa. De pronto es ésa la razón de mi accidentado y dolorido ritmo de escritura. De pronto es ése el motivo de mi zozobra frente a la plantalla sin letras mías. De pronto, carajo.

Lo digo porque ahí está, fregándome las cosas y revoloteando impune dentro de mi cabeza,, como si el problema no fuera con esa cosa. Algunos la llaman "conciencia", haciendo referencia a esa voz interior, y mentalmente audible, no relacionada con asuntos esquizofrénicos, que cuestiona bajo una lupa ética (y un tanto moral) mis acciones, y las analiza conmigo en un diálogo con aires de monólogo... pero esa insistente voz mental que es mi conciencia no es la que me está jodiendo, no. Es otra cosa, otra presencia, más silenciosa, menos amable, influyente de alguna forma poderosa en mi pensar y actuar, y que me jode en el momento de hacer las entradas, y me hace borrar lo que ya tengo escrito, sin oportunidad de hacer pentimentos como en una pintura, porque nada queda debajo de nada aquí, y por eso lo borrado se me pierde casi que para siempre.

Y se que viene de mí. Y es que soy yo el que la alimenta. Y es que, más que una presencia, es una actitud, un hábito. El hábito de aplicar la autocensura sin treguas en mis palabras, de confrontarlas agresivamente y eliminarlas sin permitirles a veces que vieran la luz de papel o de cristal líquido. De desechar mis posibles temas de escritura por las razones más ambiguas, como si de un concurso televisado de preguntas y respuestas rápidas venido a menos se tratara. De alzar la bandera de la dificultad como señal de conquista foránea en mis propias tierras, que antes veía llenas de creativas oportunidades, y luego veo convertidas en tristes letargos.

No es un asunto trágico. No es algo que amerite perder la máscara de la cordura. Pero si resulta frustrante. Saber que en el espacio relleno entre mis orejas intentan aterrizar muchas ideas y ocurrencias, y que casi todas ellas se ven masacradas por mi desidia y mi impotente cohibición a escribir lo primero que se me ocurra sin tapujos (aspecto que casi que termina flotando en mi inconsciencia), es algo que me frustra.

Cada vez se me hace más difícil lidiar conmigo por esta autocensura, sobre todo porque hace que escribir entradas sea un ejercicio demorado y agotador, que me hace ver susceptible de caer en la desesperanza de borrarlo todo y dejar pasar los días en blanco. Por fortuna y alegría, o como mínimo a modo de consuelo de seres no tan tontos, La figura de la autocensura ha quedado en evidencia. Su escondite fue desintegrado, y ya no hay chance de escape o de consideraciones. La guerra íntima contra mí mismo puede ya empezar.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Nostalgias 1

Casi desde que tengo uso de razón recuerdo haber jugado videojuegos. Todo empezó en una noche donde mientras mi familia salía a comer en un restaurante de la ciudad, yo me quedaba con mi tío probando la última y maravillosa consola del momento: el Nintendo, conocido por estos lados como “family”. Para ese entonces todavía se hablaba del terrible daño que ocasionaba la instalación de una consola en los televisores, por lo cual poco podía jugarla. Pero esa noche todo era magico,como todos iban a salían a comer los ánimos de la familia se encontraban elevados y logre el permiso para instalar el rectangular aparato blanco y disfrutar con su multitud de juegos incorporados. Esa noche se instalaron en mi mente personajes diversos y pintorescos, como un pequeño fontanero italiano y su hermano que comían hongos mientras limpiaban cañerías, un pequeño animalito (que en ese entonces tome como búho)que explotaba con enormes bolas negras todo a su paso mientras buscaba escapar de inmensos escenarios plagados de gelatinosos fantasmas amarillos, una extraña criatura que comía galletas mientras derrotaba fantasmas, pero esta vez de colores, en fin, un sin número de mundos se instalaron en mi cabeza para siempre, esos grandes personajes, que para entonces no se sospechaba, llegarían a ser insignias de grandes empresas a nivel mundial.

Hoy en día, el mundo ha acogido a los videojuegos con seriedad. La industria de los videojuegos se ha posicionada y ha llegado a ser la segunda más productiva del mundo después del cine, eso ha hecho que sea mucho más sencillo encontrar, dentro de los “electrodomésticos de la familia promedio ” una consola. Este es un momento en el que muchas personas han logrado entender que los videojuegos y con ello implícito el jugar, ya no sea exclusivo de los niños, como tantas veces no lo dijeron. Sin embargo la lucha por la inclusión del juego como parte del desarrollo holístico de las personas todavía continua.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Unas palabras sueltas

Antes de escribir esta entrada, estuve pensando un poco en el tema de la misma, y gracias a ello pasé más de media hora mirando una pantalla y una pantalla de creación de entradas vacía. y fue entonces cuando me di cuenta de que, a pesar de llevar ya un buen par de meses de labores en este blog —que presumí aptos para conseguir la adaptación y el hábito de escribir con regularidad en un espacio visitable por cualquier ciberparroquiano—, aun siento esa presión, esa molestia extraña en el pecho, esa angustia que se parece a la que se vive en la espera, y que al parecer me ha acompañado, con irregular vehemencia, desde mi primera entrada, y que ha hecho de mi proceso de adaptación un sutil calvario. A pesar de esto, he de continuar, pues tengo un consuelo y un reto: mi consuelo es el hecho de saber que el acto de escribir no siempre me provoca sufrimientos, pues como mínimo percibo cierta satisfacción cuando veo mi entrada publicada, desprendida de mí después de darle clic al sólido botón naranja que conocen muchos blogueros; mi reto es publicar lo más pronto posible para no pagar el precio que supone pasarme del plazo impuesto por mi compañero de blog y yo (de este último detalle hablaré más adelante, lo prometo). Y desde ya esos dos elementos hacen emerger otras razones de peso que motivan mi atropellada pero luchadora perseverancia, como la adquisición de disciplina, el manejo del tiempo de dedicación a la escritura, el acto creativo que nace en la necesidad de reflexionar sobre cualquier tema, la posibilidad del jugueteo verbal y de experimentación que da un espacio libre como éste, la aparición repentina (aunque latente desde antes) de un tema del que puedo sacar mucho jugo (la intrusión de un yo o de un alterego inquisidor), la conciencia por saber que somos a la vez autores y editores de nuestro trabajo, y que de nosotros depende que las entradas vean la luz con decencia... entre otros detalles que representan ganancia de experiencia en el espinoso y genial oficio de la escritura.

La presión al escribir aun sigue, y probablemente seguirá por un buen tiempo (quiero desconocer los porqués). Digamos que, como mínimo, le hallé un poco más de sentido en el informal oficio de bloguear. Aguantaré la presión mientras me sea posible... y tal vez la domestique, o tal vez podamos convivir juntos de mejor manera, o... Tal vez simplemente siga yo con nuevas entradas., cada vez con más gusto y frecuencia, sin importar los para qués...

He aquí que ya dije lo que quise decir.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Sobre In Treatment

Ya hace algún tiempo terminé de ver la primera temporada de una serie que realmente la ha sacado del estadio en cuanto a calidad y tensión. Es una serie norteamericana transmitida por el canal HBO llamada In Treatment (en tratamiento). Esta es la historia del terapeuta Paul Weston (Gabriel Byrne) quien a medida que trabaja en el proceso de cura de sus pacientes descubre como sus propios elementos psíquicos están fuera de control y lo llevan a buscar ayuda donde su antigua terapeuta y supervisora Gina Toll (Dianne Wiest).

Esta serie que quizá no sea para todo el mundo, debido a sus enormes exigencias durante los capítulos (sesiones de terapia), pues apuesta a la trama, el lenguaje corporal y el derroche de tensión y emociones más que a la acción y variedad en sus locaciones, es una serie de esas que me llevan por instantes a volver al mundo del control remoto y las horas frente al televisor.

Hace poco he logrado conseguir la siguiente temporada en donde Rodrigo García y los demás productores prometen mayor acción y drama que hacen de esta serie mi serie recomendada del momento, dentro del consultorio del Dr Weston confluyen historias, emociones, conflictos psíquicos y demás situaciones propias de la terapia real en donde como siempre el éxito de la terapia depende de los progresos que logre hacer el paciente sobre sus propias resistencias.

Por ahora solo quería compartir mi alegría de tener en mis manos (bueno, no literalmente) la siguiente temporada, que en un rato mismo empezare a ver. Por ahora los invito a que se hagan con esta autentica joya de la televisión y se pongan al día, que yo después les cuento como va esta segunda temporada donde según lo leído y averiguado la vida de este psicoanalista tomara rumbos definitivos.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Me gusta/No me gusta IV

- No me gusta el fútbol —o como mínimo poco me interesa—, pero cuando me encuentro con que estoy viendo un partido, sin importar cuáles son los equipos en contienda, me gusta ver la manera en la que reaccionan los jugadores cuando anotan un gol. Me entretengo mucho cuando, por ejemplo, luego de soportar en la TV el lastre que significa para mí el desarrollo del partido en general, pillo el momento exacto en el que alguno de los ágiles futbolistas se aproxima al arco y dispara, y puedo apreciar luego la manera en la que casi de inmediato el alegre muchacho corre hacia uno de las dos esquinas de la cancha para sacudir la camiseta, saludar al emocional público, pegar brincos o volteretas, hacer bailes exóticos o lo que sea, y finalmente llegan los compañeros y se lanzan sobre él, en una fiesta espontánea y efímera, pero muy diciente de la expresión del fútbol… lo mejor es cuando presentan la repetición en cámara lenta y puedo apreciar, en minucioso detalle, el momento justo en el que el jugador se acaba de dar cuenta de su logro e inicia su celebración Si uno se fija puede ver reacciones muy sutiles en fracciones de segundos, que son como una mezcla extraña de sorpresa, incredulidad y estupefacción...

- Me gusta pasarme la mano derecha a la parte de atrás de mi cabeza, y juguetear luego con algún mechón de mi pelo. Por lo general es el mismo mechón el que busco para distraerme, mechón que luego de un tiempo se desliga de los demás y se para solo, como si estuviera buscándome, deseoso de mi mano. Puedo pasar horas completas enredándome el dedo índice en ese montón de cabello, frotándolo, dándole vueltas, doblándolo, volviéndolo una bola y pellizcándolo, para luego soltarlo y comenzar de nuevo... no sé, puede sonar erótico... y tal vez lo sea: tal vez eso explique lo mucho que disfruto jugar con mi cabello.


- No me gusta encontrar videos en Youtube de guitarristas pretenciosos, con sus cámaras en sus pequeñas habitaciones, sentados encima de sus camas, con ínfulas de genios de las cuerdas, mostrando el porqué son los "mejores guitarristas del mundo" sólo porque, al son de alguna pista muy básica de batería, teclado y bajo, probablemente grabada por ellos mismos, aporrean su pobre eléctrica (o acústica, en los casos más tristes), rápido, muy rápido, paseándose por los trastes de prisa, como si en un lapso muy pequeño de tiempo les fueran a quitar sus instrumentos y tuvieran por ello que adelantar escalas empalagosas, arpegios extravagantes y artificios varios. No niego que los fulanos tengan un dominio admirable de la guitarra, y no niego que la tocan muy bien, con buena rapidez, precisión y técnica; es solo que no siento que haya alma ni vida en sus interpretaciones, sean versiones de clásicos del rock, de bandas sonoras o incluso de música clásica en clave heavy metal (esas versiones son las más arrogantes) o melodías propias. Sólo mueven sus dedos memoriosos muy rápido, impresionando en el camino a miles de videovidentes, pero conmoviendo a muchos, muchos menos. Opino que muy pocos exponentes se salvan, como Andy McKee, Sungha Jung, DavidMeShow y un puñadito más que tocan no sólo con sus dedos y sus muñecas, sino con su espíritu (por más cursi que suene)... bueno, ese DavidMe podría bien encajar en la descripción que hice de los guitarristas que no me gusta ver en Youtube, pero es un payaso que causa gracia, y le respeto eso como mínimo.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Jugamos como nunca y perdimos como siempre

Voy poco al estadio, lo confieso, y aunque me gusta estar al tanto de la actualidad deportiva de nuestro equipo el Deportes Tolima no soy un hincha; al menos en lo que la mayoría entiende como hincha, idas al estadio cada ocho días, pertenecer a una barra, ver los partidos por televisión, ya me entienden ese tipo de cosas. Sin embargo para la segunda fecha de los octogonales de la Mustang 2, decidí asistir al estadio y acompañar a Tolima en su choque contra el santa fe, equipo de la capital y viejo conocido del equipo “pijao” pues varios de sus integrantes fueron jugadores de nuestro equipo años atrás.

La ilusión estaba en las calles, miles de Ibaguereños se pusieron las camisetas del deportes Tolima y se agolparon en las afueras del estadio, unos a sentir la euforia del momento, otros a reunir plata para la boleta, como es habitual cada vez que el “vino tinto y oro” disputa la copa Mustang en casa.

-¿Si alcanza a entrar?
-De moneda a moneda se hace la boleta, todo bien mono, ¡contribuya!, -me dice un hincha que se encuentra en la labor de recolectar lo de su entrada.

A pesar de mi angustia y desespero por la tardanza que llevábamos, logramos conseguir lugar para sentarnos, pero la fila y la preocupación fueron grandes. La gente acudió masivamente al estadio y después de mucho tiempo el Manuel murillo toro consiguió una buena taquilla y el apoyo en masa de su equipo.

Adentro todo fue emoción, la gente vibraba con las jugadas del Deportes Tolima que no dejaba la pelota y dominó por completo el primer tiempo, Agustín Julio portero del equipo de visita y antiguo integrante del equipo tolimense fue abucheado y chiflado por la afición, pues como de costumbre hizo provecho de sus habilidades teatrales para enredar el partido y ganar un poco de tiempo, Tolima fue superior durante esta primera parte, a pesar de ello no tuvo suerte y la pelota no término dentro del arco en los primeros 45 minutos.

La segunda mitad fue bien ajustada, las jugadas Iban y venían hasta que llego el milagro, golllllllllllllllllll!! Se escucho por todas las tribunas que saboreaban el triunfo parcial del equipo, la euforia era tan fuerte que salte y grite con la hinchada el gol de nuestro equipo que se ponía adelante. La alegría no duro mucho, en pocos minutos, quizás tres, en mi cabeza, el Santa fe empato el marcador por medio de un penal que desesperadamente cedió Arrechea luego de perder la pelota en el área. Mientras los minutos pasaban la gente que se encontraba en la parte de arriba de la tribuna se entretenía, entre susto y susto, arrojando papelitos a los que estábamos más abajo. Los de abajo se desestresaban madreando a diestra y siniestra a propios y ajenos jugadores de la cancha.

Pronto la desilusión se hizo presente, luego de un tiro de esquina, el equipo visitante anotó en la portería rival, es decir en la nuestra y apago el estadio que vio como su equipo, de gran rendimiento en el torneo, clasificado varias fechas anteriores se hundió, como todos los años en las finales del torneo. No se sinceramente que pasa con el equipo que para fin de torneo declina y termina con todas las esperanzas de un pueblo. ¿Por qué siempre al final, después de brillar durante el torneo el Tolima se viene abajo y es eliminado? Esa respuesta se lo dejo a gente que sepa del futbol, yo por ahora llego a la siguiente conclusión: Creo que después de año y medio sin entrar a un estadio las cosas se ponen claras para mi cabeza; el futbol es un sufrimiento excesivo para mí y creo que presintiendo esto me defiendo de morir infartado en un estadio de futbol, seguiré dedicado a otros artes menos destructivos para mis nervios, eso sí, en ocasiones me contagiare de ese sentimiento maravilloso pero masoquista del que entra a los estadios, sabiendo que solamente un equipo de los dieciocho que juegan será campeón, eso indica que los otros 17 ...

domingo, 22 de noviembre de 2009

Me gusta/No me gusta III

Me gusta gritarle improperios y tonterías a las "chivas". Tal vez haga lo que viene a continuación movido por la esperanza de tener lectores de otros espacios y momentos de habla hispana, pero como la esperanza en este caso no incomoda, pasaré a un intento de explicar a qué se le llama "chiva" en Colombia, para que aquel hispanohablante o fanático del idioma castellano ajeno a estos modismos pueda hacerse a una idea. Con el sustantivo "chiva" nos referimos, principalmente, a tres cosas: a los mamíferos bóvidos de cuernos y barba que habitan colinas y balan por todo, al acto de copiar las respuestas de un incauto compañero en medio del examen (hacer "chiva"), y a los famosos y coloridos buses escalera que recorren los caminos colombianos y ecuatorianos, adaptados de forma artesanal para el transporte público rural, y últimamente adaptados para transporte turístico y recreativo. Es precisamente a estos vehículos turísticos a los que yo les grito las cosas más extrañas y estúpidas que se me puedan ocurrir cuando las veo pasar.

En la noche, sobre todo los fines de semana, se ha vuelto común ver buses de colores atiborrados de gente, errabundos, andando y parando sin descanso en muchos lugares, envueltos en un caos de música crossover y botellas de aguardiente que parecen tener la propiedad de la generación espontánea porque nunca las veo acabarse. Me divierte ver cómo la gente se esfuerza por divertirse permaneciendo varias horas de la noche dentro de un bus que vibra dantescamente al andar, ruidoso, incómodo y falto de espacio (donde no cabe ni el más pequeño sentido común), y me divierte más ver cómo los pasajeros, a pesar de tener apenas espacio para el oxígeno que malrespiran dentro de los armatostes festivos, tratan de bailar al son de lo que les pongan, sin que les importe el roce humano apabullante. Probablemente algunas personas tengan la ventaja de practicar el baile hacinado si están rodeados de bellos ejemplares del sexo opuesto, con los cuales el roce humano se hace, como mínimo, algo más (mucho más) que "tolerable"...

Por eso me gustan las chivas, porque cuando veo una Chiva y le grito cualquier borronada, la gente reacciona gritando con más ganas, y me disfruto mucho sabiéndome víctima de mis carcajadas, porque veo en las chivas un hermoso ejemplo de estupidez festiva: la oportunidad perfecta para apagar el cerebro. Y ahora que lo menciono, puedo decir también que me gustan las chivas.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Respuesta de un aforismo a ¿seré un aforismo?

Solo un aforismo, de los mejores de nuestra raza, puede salvar a un perezoso hombre de letras de todas sus obligaciones literarias.

sábado, 14 de noviembre de 2009

¿Seré un aforismo?

Lo bueno de los Lunes Festivos es que nos hacen las semanas más cortas y menos miserables.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Comentario sobre Inglourious Basterds

Actualmente se está proyectando en los cines de Colombia la última película de Quentin Tarantino titulada inglorious basterds. Para ser sincero no esperaba nada más que una película promedio de Tarantino, pero me ha sorprendido altamente. Tanto que me atrevería a decir que es una súper producción. Cuenta con diferentes elementos que realmente ayudan en su consolidación como película. En primer lugar el humor esta muy bien logrado, con guiños al espectador que aunque se salen de lo usual y se acercan más a lo caricaturesco (sello Tarantino) no es usado en exceso; evitando que el lector se sienta atiburrado. Por otro lado las actuaciones espectaculares de Brad Pitt (teniente Aldo Raine), Diane Kruger (Bridget Von Hammersmark), y sobre todo de Christoph Waltz (Standartenführer Hans Landa) realmente son de destacar. Christoph Waltz realmente merece un comentario aparte pues en su interpretación logra verosimilitud, humor, crueldad y manejo preciso del entorno y su manera de desenvolverse en cada contexto que habita. Por este papel obtuvo el premio a mejor actor en el festival de Cannes 2009, y la verdad no me extrañaría si es nominado al Oscar por esta actuación.

La película relata el lado B de la historia de la ocupación Nazi y su lucha, donde se pone de manifiesto que fuera de una forma u otra el imperio alemán estaba condenado a desaparecer. Tarantino parte de hechos reales, pero pronto se aventura a darle un fin trágico y esperado a través de los diferentes pasajes de la acción. Una ucronia que realmente no nos podemos perder.

sábado, 31 de octubre de 2009

Reflexión majadera acerca del quehacer del vago

Imagen que apoya el estereotipo del vago, como 
un pobre diablo acalorado, indiferente a todo 
y con rasquiña en las bolas 
Supongo que tener un blog implica perderle el miedo a temas que tal vez se hayan tratado entre las letras de muchos otros blogueros. O mas bien perder la vanidad derrotista de no abordar un tema solo porque no se es el primero. Nunca seremos los primeros en los temas, por más enrevesados que sean. Y saber eso nos golpea el ego. Además nunca seremos los únicos. Si hay millones de blogs regados por toda la atarraya, y si cada día aparecen más y más y más, lo más probable es que haya un montón de montones de personas que hayan tratado ya el tema que voy a tocar. ¿Qué se puede hacer al respecto? Pues atiborrar un poco más de temas abordados el ya atiborrado universo bloguero. Y no pensar demasiado en eso.

La mayoría de las veces trato de que mis entradas sean atemporales y que no toquen aspectos actuales de mi diario vivir, pues soy poco dado a escribir de tales bagatelas*. Pero hoy tuve ganas de comentar algo que posiblemente abarque mi actualidad durante mucho tiempo, y como la caza de temas que tengo que hacer antes de sentarme ante la pantalla a esgrimir la redacción de entradas cada vez va peor (aunque tal vez haya un tema que me pueda dar frutos durante mucho tiempo, sin la necesidad de otros), romperé hoy una regla implícita, que tal vez haya roto más de una vez sin darme cuenta, lo que poco me interesa averiguar a estas alturas.

Y es que en estos momentos puede decirse que soy un vago. Así de simple. Desde hace un par de meses, luego de que recibí mi incómodo cartón de graduado, y salvo dignas actividades de excepción, mi rutina se ha transmutado poco a poco —aunque sin mucha dificultad— en la del dichoso adjetivo. Y poco a poco, también, en mi casa mis superiores caseros se han ido percatando de mi nueva condición, con incómodas consecuencias; más adelante hablaré de ello. Por ahora, y para empezar, estuve pensando durante días en lo que significa ser vago, y en un gesto irónico para los de mi categoría, busqué primero información acerca de la palabra y su origen, para no quedar tan incompleto ni tan impotente frente al tema, aunque, a decir verdad, no me interesaba mucho. Lo que hace uno por rellenar líneas de texto...

En el (en ocasiones obtuso) diccionario de la RAE encontré varias definiciones, de las cuales, por joder, extraigo ésta:
  • adj. Holgazán, perezoso, poco trabajador. U. t. c. s.
Y bueno, sí, tal vez así sea en mi caso, qué sentido tiene negarlo. Sobre todo eso de poco trabajador; me detengo un momento aquí, en esta última característica, y pienso un poco, solo un poquito, que vale la pena... la palabra poco encierra una suposición de una cantidad pequeña de algo, y en este caso, haciendo evidente esa característica, recuerdo que he realizado unos cuantos trabajos desde mi grado, con pagas muy pequeñas, que no vale mencionar aquí. También puedo decir que dentro de eso que es poco, incluyo el hecho de estar buscando trabajo relacionado con mi carrera, claro está, solamente por aquello del valor agregado de que me pagarían por ese sacrificio tremendo que implica trabajar; debo decir, empero, que como todo buen lugar común viviente de la vagancia, el hecho de no ser llamado a entrevista por ninguna de las 28 empresas e instituciones a las que he enviado hoja de vida, no es, por sí solo, un inconveniente para mí. En lo absoluto, carajo.

También investigué un pequeño dato etimológico del curioso adjetivo, y encontré que vago viene del latín vagare, que hace referencia, en pocas palabras, a algo que anda errante, sin detenerse en ningún lugar, como dice en el diccionario de la RAE. Y entonces comencé a pensar si el origen de nuestra palabra protagonista también tiene que ver conmigo. No soy una persona que acostumbre salir con frecuencia de su casa; de hecho, disfruto mucho mi estancia en ella, incluso con los percances que aparecen en mi contra, posiblemente, pienso yo, por culpa de mi estado. Pero vi que esos mismos percances, que involucran a mis superiores caseros y que incluyen de éstos indirectas sobre mis costumbres de vigilia y sueño (posible tema para otra entrada o posible olvido, que se yo), reprimendas por mi presunta falta de voluntad para con los favores que ellos me piden muy a menudo y negativas a préstamos monetarios, impulsan ese deseo de errar, de vagar, de permanecer fuera de casa haciendo cualquier actividad típica de nosotros y nuestra perezosa naturaleza, con tal de no verme sometido bajo sus designios y peticiones, al menos no todo el tiempo, dada la imposibilidad de una sublevación completa. Y vi también que el hecho de deambular para escapar al ruido de los sermones también lo he hecho posible dentro de mi casa, cuando pienso en las largas horas de distracciones algo alienadas que me ha brindado la red de redes a través de una pantalla, un teclado y un ratón cada vez más desgastados, o en los deliciosos siglos de siestas excesivas, que mi cerebro ha gozado como si se tratara de un festín del reposo, o incluso en los no pocos momentos en los que mi mente comienza, ella sola, a divagar y a pasear por quién sabe dónde, mientras mi cuerpo está tumbado en mi cama, enterado apenas de lo que sucede...

Teniendo ya una pequeña aunque suficiente ampliación conceptual acerca de la vagancia, y como poco me interesa a estas alturas conocer datos de vagos ilustres, costumbres de vagos alrededor del mundo y cómo pertenecer a tan carismática cofradía, pensé luego en que, así como hay características comunes entre mi condición de vago y la de tantos otros que pululan en cualquier parte, debe haber características mías, aspectos personales de mi vivencia haragana que no comparto con nadie, en otras palabras, mi sello personal. Y pensé entonces en la conciencia plena que tengo de mi estatus de perezoso; que, sabiendo y teniendo de igual modo conciencia de que hay muchos vagos que con su inactividad hacen más daño del que podrían evitar haciendo algo, no por ello pienso dejar por mí mismo mi ociosidad, dejando el final a la emergente posibilidad de un trabajo inaplazable; que son muchas las cosas que puedo hacer mientras pueda fungir de vago —pues un buen vago es de todos modos un ser que actúa, así sea en actividades que impliquen un esfuerzo mínimo, una parsimonia en los movimientos y una obsesión por los oficios hedonistas—; en el orgullo que siento al saber que (casi) nada de lo que hago es productivo y que poco o ningún provecho económico se le podría sacar a eso; y que, entre otras cosas, ser vago para mí es relajarme frente al mundo, para poder hacerle saber que hay momentos en los que él me importa un condenado sabañón, y que, en ejercicio de mi libertad y para demostrarle mi postura, puedo realizar el simbólico acto de sentarme con saña en un sillón y mirar al techo blanco hasta quedarme dormido.

Es posible que todo lo que tomo por único de mi personalidad vaga no sea exclusivo de mi persona. De hecho, es posible que a pesar de mis esfuerzos, siga siendo yo un vago del montón. Y es posible aun que este hecho posible no sea posible sino que en realidad así sea. Ante esta amenazante (y redundante) posibilidad de un hecho posible, solo doy una respuesta, para luego irme: Si es así, pues ¡Qué pereza!, más bien no jodamos más y vámonos a dormir.

*Bagatelas... no se por qué dije esto. Ahora ya no lo siento así... muchas veces he perdido buenos momentos de escritura por no prestar atención a esas "bagatelas", que muchas veces esconden pistas que ayudan a comprender aspectos muy importantes de la vida, o que así no escondan nada son bellas y dignas de ser recuperadas y transformadas... debo ser menos testarudo y más... atento. (agregado el 05 de septiembre de 2013)

domingo, 25 de octubre de 2009

Ibagué viva

Veo con buenos ojos la ola inesperada de actividades culturales que se han realizado en la ciudad de Ibagué. Hace mucho tiempo (por no decir nunca) que no se llevaba a cabo una programación cultural tan rica y variada en un mismo mes. Debo decir que los habitantes de la ciudad tenemos que sentirnos agradecidos, pues solamente entre septiembre y octubre tuvimos: teatro, guitara clásica, cine, jazz y poesía. Es probable que no sea más que una casualidad de planeación o una conspiración artística dada al azar, por lo cual no sé si debamos ilusionarnos; pero de lo que si estoy seguro es que la gente en la ciudad ha empezado a darse cuenta que solo por medio de la gestión, de moverse de un lado para otro y de construir por su propia cuenta se puede obtener los resultados. Por lo general la gente espera a que las cosas se den solas o por ayudas mágicas del estado, sin embargo esto está cambiando; la gente empieza a entender que este es el último paso, previamente se deben desarrollar y soñar las propuestas, lo demás llegara por añadidura.

Ojala que entre todos los amantes del arte sigamos construyendo propuestas y lo más importante trabajando JUNTOS, pues la envidia que en ocasiones nos caracteriza solo produce que nos caigamos todos, que nos caigamos en un atraso cultural que nos ha costado bastante y que solo ahora, después de tanto años empieza a dejar ver sus primeros rayos de esperanza.

No solo el gobierno tiene la obligación con nosotros de proveernos actividades de desarrollo y enriquecimiento cultural, en estos tiempos donde no se puede esperar mucho al respecto es menester de los ciudadanos civiles apersonarse de la causa y brindar oportunidades culturales no solamente para sí, sino también para los demás interesados.

No siendo más por el momento brindo por la cultura y el despertar de muchos Ibaguereños que no solo crean espacios si no que los disfrutan y promueven, ¡salud!

Me gusta/No me gusta II

He aquí una nueva entrega de cosas que me agradan y me desagradan. La anterior entrega la consiguen aquí. Espero que no les importe ni les moleste el hecho de que poco me importará si encuentran este ejercicio pueril, cursilero y poco funcional, y si por el contrario lo hallan agradable y divertido, espero que sepan que, aunque halagado, tampoco me importará mucho. Vamos, es que hay que nivelar respuestas entre las reacciones de los que se atrevan a leernos, ¿No?, pues como quieran, jijunas.


- Nunca me ha gustado cuando la frente me pica y me dan esas ganas incómodas de rascarme. Haya calor o frío en el ambiente, parece que a la rasquiña no le importa, pues aparece y se mete entre las comisuras de mi frente en el momento que a ella le plazca; cuando eso pasa, tengo que ir al baño y lavarme la frente con mucho jabón, y a veces eso no es suficiente, y me irrito y me pongo de un humor pesado... hasta que se me pasa, ya muy tarde en la noche. Menuda porquería.

- Cuando era niño e íbamos a una finca, recuerdo que a veces nos poníamos a llenar un vaso de plástico con agua, lo introducíamos en el congelador y esperábamos a que el agua se congelara; luego nos gustaba agarrar el bloque de hielo que resultaba y quebrarlo contra una roca cercana, primero como un todo, y luego los fragmentos. Una delicia.

- También de niño (incluso en mi actualidad), en la misma finca, me gustaba coger las guayabas podridas o dañadas y lanzarlas con fuerza contra una roca o un tronco; ver cómo se aplastaban y estallaban era algo divertido, como pocas cosas en la vida.

- Una más de cuando era pequeño: cuando era la hora de dormir, me gustaba tragar un poco de la crema dental para niños que acostumbraban comprarnos... era una crema dulce, con chispitas brillantes y atractivas al paladar, y me dejaba una sensación muy fresca en la garganta. Dudo que, con una crema tan peligrosamente deliciosa, fuera yo el único que lo hiciera.

- Cuando era niño no me gustaba que, en épocas de calor, mi saliva adquiriera un sabor extraño, desagradable, como si fuera un indicio de que me fuera a enfermar próximamente. Ni escupiéndola ni tratando de disfrazar el sabor con gaseosa de naranja, la saliva dejaba de saberme mal, y solo luego de un par de horas se me quitaba, o tal vez lo olvidaba y no lo notaba más. Es una de esas sensaciones que no se pueden describir pero que no son, ni en lo más mínimo, placenteras.

- De niño tampoco me gustaba el tufo de aguardiente que se desprendía de la boca de mis familiares en época de fiestas decembrinas... realmente el tufo en sí no me desagrada, pero sí el de ellos específicamente. Nada personal; digamos que era un olor más fuerte, peor mezclado que otros, o tal vez las circunstancias que acompañaban esa percepción ayudaron a mi real desagrado, no se, no lo averiguaré.

- Y una última por hoy: de niño no me gustaba, y no me gusta hoy, dormir sabiendo que las puertas del armario (o del clóset, como se le llame en la región de la que cada quien sea oriundo) de mi habitación están abiertas. Siempre que voy a dormir debo cerrarlas, pues para agravar más las cosas mi armario está justo enfrente de mi cama, y ahora que son corredizas y hacen mucho ruido cuando las cierro, la experiencia de cerrarlas a las dos de la mañana es algo que poco recomendaría. Lo curioso es que tal manía solo ocurre en mi habitación, pues si me encuentro durmiendo en otro lugar, difícilmente me sentiré incómodo si veo que las puertas del armario quedaron abiertas. Ojalá siga siendo así, no quisiera extender mi incómodo asunto a otros rincones de la tierra...

Teatro orquesta

El arribo al teatro se hizo dentro de los estándares de puntualidad marcados en cualquier manual de urbanidad; Media hora antes. Sin embargo la fila ya hacia palidecer cualquier intento por ingresar temprano y tomar buenos puestos (adelante y en el centro). Por lo cual mis amigos y yo recurrimos a las estratagemas típicas de todo buen colombiano; pasearse por la extensa fila intentando hallar algún conocido que nos permitiera colar. En esta ocasión tuvimos éxito, no solo logramos entrar temprano, pues los organizadores se apiadaron debido a las gotas que caían y anunciaban el diluvio (que nunca llego)si no que tomamos buenos puestos(adelante y en el centro).

Adentro todo empezó con una advertencia de comportamiento que me hizo suponer que los días anteriores la gente no se había comportado del todo bien, el hombre que nos pidió compostura lamento que se hicieran cosas como risas desafortunadas, murmullos, sonidos de celulares y sonidos de las sillas que sonaban bruscamente cuando la gente se levantaba.

Luego del sincero discurso de aquel preocupado sujeto, el recinto quedo a oscuras y el colectivo de la universidad de Caldas inicio su montaje “la muchacha de los libros usados” donde todos pudimos ver la perdida de la inocencia femenina con ayuda de las fuerzas militares y la crudeza de los valores machistas cultivados en nuestra país, incluso en estos tiempo de seguridad democrática.

En medio de la función pude notar cómo se volvían hechos todas las advertencias escuchadas minutos antes por el presentador, las risas aisladas que rompían el silencio hicieron presencia, los diversos sonidos de celulares se les unieron, pronto también los ruidos de las sillas y por último las toces colectivas. Todo se torno una orquesta disonante que “animó”aun más la dramática obra, los shh no tardaron en aparecer y la velada estuvo terminada.

Aunque los fuertes aplausos y la ovación hacia los actores opacaron lo ocurrido, la pena ajena que tuvimos los que valoramos el silencio y el respeto, fue monumental, y me ronda la pregunta, que tan preparado esta el pueblo ibaguereño para el arte o mejor en este caso el teatro? Tanto que lo pedimos y sin embargo… Pocos de los menos insulsos mortales fueron, dicha y pesar.