miércoles, 28 de septiembre de 2011

Hesse y los refugios de acuarela


No sabía que Hesse pintaba. Me enteré hace poco mientras leía su biografía. Parece que empezó a pintar como terapia, me atrevo a decir que por sugerencia de Jung, con quien se analizó por un breve periodo (luego mantendrían una comunicación epistolar). Pero Hesse encontró en sus paisajes algo mas allá que una terapéutica del yo; encontró una puerta que lo acercó a dimensiones que se le escapaban en las palabras. Tras la primera pincelada, que la dio rondando los cuarenta años, no paró más hasta el final de sus días.

Debo reconocer que no me sorprendió su trabajo como pintor, cosa que si me ocurre con sus libros, pero esto no les quita su inmenso valor estético, ya sabemos, en cuestiones de arte…

Pero hay algo particular, una huella única que se vislumbra, al menos a mi juicio, en todo lo referente al autor. Eso que si me movió profundamente fue el tema de sus acuarelas, casi todas sus pinturas involucran dos elementos de forma inseparable, las casas y los prados; me atrevería a decir que en su trabajo pictórico en realidad el tema, predominante, que se muestra, obsesivamente son los refugios. Las casas, que todo lo dividen y que nos recuerdan constantemente nuestra irresoluble separación de lo natural. Pero por otro lado los arbustos, las praderas que ocultan la casa y por ende a sus habitantes de los demás, de los otros. Separación e unión, intentos desesperados de Hesse por reconciliarse consigo mismo y con la naturaleza a la que fue obligado a renunciar. Un interesante entramado nos teje este escritor Suizo en sus pinturas, al que yo agregaría un tercer refugio, el acto de pintar en si.

Descubrimos así, una nueva faceta de Hesse, el de prófugo, lo que queda por resolver, es ¿de que se escondía incesantemente el escritor?

Link de galería virtual Hesse: http://www.hermann-hesse.de/es/node/829

jueves, 8 de septiembre de 2011

Por qué no lavé los platos

Si usted no vive conmigo y lee esta entrada, tal vez no entienda la razón por la que escribo esto, pero no se preocupe, que más adelante explicaré el motivo. Pero le advierto que puede que se arrepienta de saber algo tan absurdamente aburrido como lo que sigue en breves líneas. Así son las cosas, ¿sabe?, tómelo o déjelo, por ahora no me importa mucho...

Ahora, si usted vive conmigo y está leyendo esto, podré suponer que lo hace guiado por la nota. Si no leyó la nota o no supo nunca de su existencia, tal vez se deba a que revisa regularmente este blog y se encontró con esta entrada, que lo dejará intrigado o al menos inquieto acerca del motivo que me movió a redactar esto, aunque por otro lado usted podría suponer qué rayos pasó por mi cabeza para llegar a este punto de las cosas. Pienso que la última posibilidad que planteo amenaza con ser aparatosa y poco probable, así que me aventuraré a pensar que sí leyó la nota, y a explicar, simplemente, qué pasa.

Es por nosotros sabido que en la casa hay ciertos quehaceres diarios de los que nos debemos encargar. Y aunque sobre decirlo, lavar los platos no es una excepción. Sabemos que la idea es no dejar platos sucios para el otro día, que es mejor comenzar la mañana con el fregadero limpio. Y sabemos que para que pase esto, tenemos dos opciones: o comer afuera siempre y usar cubiertos desechables todo el día, o lavar los platos en el acto. Y a pesar de que no tenemos ningún tipo de reglas para determinar quién se encarga de los platos cada vez, pienso y siento que ahora (o en ese momento) debía ser mi turno y que me correspondía lavarlos. Pero no lo hice. Lo lamento mucho, ofrezco disculpas, pero no lo hice. Estaba cansado, me dolía la espalda, veía el fregadero con los platos ahí, y no habían muchos pero igual ahí estaban, esperando ser lavados por mí. Sí, eso es, me estaban esperando y eso me desesperaba un poco. Y yo iba a lavarlos de todos modos, lo aseguro, iba a lavarlos. Pero no pude. O sí pude, qué carajos, pude haber sacado tiempo, estirar un poco la espalda, pero no quise, lo confieso. O incluso no es que no haya querido, sino que al ver la escena en la cocina, pasaron dos cosas:

  1. Me perdí en el tiempo por culpa del internet o más bien por mi descontrolado uso de internet y luego ya era muy tarde en la madrugada y el sueño me invadió.
  2. Quise hacer el mal chiste de escribir esta entrada, de hacer que, por los méritos de la curiosidad, consultaran el blog.

Probablemente cuando me vean me dirán que en vez de perder el tiempo escribiendo esto pude lavar los platos, que esto es una tremenda tontería, probablemente se rían un poco, o se rían mucho, o no se rían nada y tampoco me digan nada porque tal vez lo que hice no les interese en lo más mínimo. Probablemente la primera persona que haya visto la nota la bote a la basura y lave los platos antes que yo, haciendo que todo el sentido de la nota se pierda. O probablemente lo que se pierda sea la nota y por eso nadie la lea. Probablemente no pase nada, los platos los lave yo y nadie se entere de que hubo una nota. No sé. Y puede que no importe demasiado.

Al menos me reí un rato al hacer la nota y pensar en la idea de redactar esto, y en imaginar qué dirían de esto tanto los que viven como los que no viven conmigo (o debiera decir conviven, o convivimos... es difícil hallar la expresión adecuada, lo siento). Ya con eso mi pequeño esfuerzo valió la pena. Espero.

Ahí está, me reí otra vez.


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Ah, bueno, tal vez podría agregar una tercera cosa:

  • Se me ocurrió que armar este minúsculo rollo (o ejercicio, o juego, o manejo extraño del tiempo) me serviría para volver a escribir en el blog, y celebrar con ello el derecho a la escritura al servicio de nada, sin objetivos aparentes, sin temor de que quien me lea piense y digas cosas que no querría que piensen o digan de mí. El riesgo existe, escriba o no, y es bueno saber que cada vez eso me importa menos.

Si quiere saber más sobre este rollo pregúnteme personalmente o escríbame a fozzo444@hotmail.com,

martes, 22 de marzo de 2011

Un viejo recuerdo

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Siempre quise conocer a Ana, tomábamos el mismo bus para ir al colegio y sin embargo poco sabia de ella: Vivía en el barrio de enfrente, pero parecía no salir mucho y menos frecuentar la gente del barrio. Pero con frecuencia la veía pasar por enfrente de mi casa, aun en uniforme, con sus amigas.
El punto de inflexión estaba por allí, planeé todo tipo de artimañas para ganarme el cariño de quienes días atrás eran mi objeto de burla entre clases. El salón de once dos, grado al que pertenecían, estaba a tres puertas del mío, así que me era fácil convertir el tiempo que tenia para sabotearlas, en tiempo para darles pequeños chocolates y sacarles enormes sonrisas. Todo parecía andar bien hasta que una tarde Ana se acercó a mí. Me miró fijamente, y sin dejarme salir de la ilusión volteó mi cara de una cachetada que aun hoy me acaricia el rostro.
-Creí que eras más hombrecito, esas fueron las primeras palabras que Ana me dirigió en su vida. A pesar de la vergüenza pública y el dolor, quedé contento, pues sus palabras nos asociaban en el pasado; Ana sabía desde antes que yo existía.
Poco tiempo después supe el motivo de su ataque, Ana se enteró que yo estaba “coqueteando” con varias de sus amigas hasta el punto de llevarles chocolates, y ella en su sentido de amistad, “intuyó” como más tarde me lo explicaría que yo era un perro desesperado en busca de presas vulnerables.
 A pesar de todo lo que esa primera, y por fortuna, única cachetada abriría entre Ana y yo, nunca pude olvidar esa primera imagen durante los trayectos al colegio: Ana de espaldas, sentada un par de asientos delante mío (me las arreglaba para que siempre fuera así), con su cabello claro aun húmedo, sus zapatos sin amarrar, sus lentes police y sus  enormes audífonos. Creo que siempre se me antojo en las nubes, perdida en sus corcheas, en alguna parte de su galaxia. Eso me enamoró de Ana.
Resuelto a aclarar la situación y dejando de un lado mis opiniones sobre las cartas me senté y escribí la primera de muchas que le escribiría. Ya poco recuerdo lo que le dije, pero jamás olvidaré el primer párrafo:
Ana, esos bellos ojos verdes que tantas veces he intentado dibujar empiezan a apestar sin mí.
Esa ridícula frase, la llevo a hablarme al poco tiempo.
Ana y yo estuvimos saliendo juntos casi todo su ultimo año en el Tolimense,  aunque nos encargamos de que pocos lo supieran.
Creo que lo que más nos unió fue el amor por la música, el sonido repetitivo de los acordes de  stratovarius y las tardes de cine y  Pizza en su apartamento.
Después de graduarse, Ana viajó a Estados Unidos para continuar sus estudios, esta vez cerca de su padre. Poco tiempo después de su partida compre mi primer mp3s, y mi primer juego de audífonos de calidad; nunca más abandoné mi casa sin tener música. No tuve esa misma suerte con Ana, nuestra comunicación se fue destiñendo con  el paso de los meses hasta que finalmente desapareció.
Aun hoy en día, cuando veo una mujer con lentes oscuros y enormes audífonos mi primer recuerdo es el de Ana.


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sábado, 5 de marzo de 2011

Lluvia en el corazón (...)

Hoy es día de lluvia. No lo dicen las noticias ni el periódico, las nubes no se muestran grises y hay sol de verano y la gente no lleva paraguas y camina feliz por los parques, con sus gafas oscuras y su sonrisa festiva. Pero llueve. Llueve en mi corazón, llueve en mi alma, llueve en mi mente. Llueve y llueve sin parar. Llueve sin que lo anuncien las noticias, sin que lo sospechen las nubes, sin que se enteren de ella los alegres veraneantes. Pero llueve. Llueve dentro de mí, llueve sin agua, sin viento de lluvia, sin frío de lluvia. Pero llueve. Llueve sin importar que nadie lo sepa, llueve sin importar que se inunde poco a poco mi ser, llueve sin poder saber nada de esta lluvia, lluvia que no moja, pero que duele. Porque no se sabe el porqué de esta lluvia, ni el cómo de esta lluvia, ni el cuándo ni el cuánto. Sólo se sabe que llueve. Y que duele. Por eso hoy es día de lluvia.

Porque llueve.















- ¿Ya se fue?


- Espere…


- Uhmmm…


- Un momento, espere, espere…


- ¿Ya?

-Un poco más, un poco… parece que ya.

- Uff… viejo, pero qué texto tan espantoso.

- Cómo, ¿Le parece?

- Claro viejo, es muy malo. ¿O es que a usted…?


- ¡Hombre, lógico que también, es un texto horrible, malísimo! Carajo, no me crea tan idiota.


- Está bien, no se enoje… pero sí, que vaina tan mala.


- Sí, muy mala, pero mucho muy mala.


- De las peores cosas que le hemos visto hasta ahora, ¿No?


- De verdad que sí. No recuerdo algo tan malo…


- ¿Será que tantos meses de ausencia le hicieron daño? Porque permítame decir que esto es un fiasco, un gran fiasco…


- Sí, ¡Carajo de los carajos! menudo… menudo fiasco, sí…


- Sí, ¡Es un Fiasco fiascoso! Desde el título ya veía venir la catástrofe. Parece el título de una pésima balada, de ésas que rotan en las radios muchas veces para ver si pega, y cuya letra es tan estúpida que la gente termina por aprenderla sin que tenga la menor intención de memorizarla... Y luego esa caravana de lugares comunes, puestos ahí no más, como sin ganas ni ánimo, como calcando una formulita, ¿No? De verdad que provoca luego darle una patada en las manos por haber cometido eso, carajo.


- Sí, sí, no puedo estar más de acuerdo, sí…


- ¿Y qué me dice de la palabra llueve? ¿Sabe cuántas veces la repite? ¡Dieciséis veces! ¡Parece una lluvia de llueves, solo que no mojan, molestan! ¿Acaso no se dio cuenta de lo molesto que es repetir una palabra porque sí, sin una intención clara? Porque no nos engañemos, intención no había. Y si en algún momento la hubo, que backspace me borre si no es cierto, pero no lo logró, ¡Vaya que no lo logró!


- Sí, sí, que desastre, de verdad que sí. Ahora bien…


- “Sí, sí, qué desastre”, “sí, sí, qué malo”, “sí, sí, qué fiasco”, “sí, sí, sí”… ¿Se puede saber qué carajayes pasa?


- ¿Carajayes? Pero si no pasa nada… no entiendo de qué…


- No finja, no sea falso, sí pasa algo y quiero saber qué es.


- Que no pasa nada.


- Que sí.


- Hombre, que no pasa nada, tan solo déjeme…


- ¡Déjese más bien de pendejadas! Desde que comencé a hacer mi crítica abiertamente destructiva acerca de ese trozo de basura que aquel dejó por aquí como si fueran las porquerías que un perro callejero dejó en mitad de un andén, usted no ha dejado de mostrarse condescendiente para con lo que he dicho. Es muy irritante: primero este criminal con su lluvia de llueves y ahora usted con su lluvia de sís, como si se estuviera casando a las carreras, como queriendo salir del paso. Y eso, mi querido compañero, es algo muy molesto y que me tiene muy cabreado. Por eso pregunto, ¿Qué carajayes pasa?


- Pasa que por andar jodiendo con insultos baratos hacia un texto evidentemente malo, no me ha dado un momento para decirle…


- ¿Decirme qué?


- Que no se ha dado cuenta.


- ¿Dado cuenta de qué?


- De que ese texto fue escrito así a propósito.


- ¿Ah, sí? ¿Y se puede saber, Don Deductor Agudo de Misterios, cómo llegó a tan sagaz conclusión?


- No sé, hombre, no sé, pero…


- ¿Cómo así que no sabe? ¿Cuál es su rollo al fin y al cabo? ¿Cuál es su joderencia, ah?


- Pues carajo, insisto en que no se cómo me di cuenta, sencillamente me di cuenta y ya. Sólo cálmese y piense un momento. Analice los textos anteriores y fíjese luego en el último. No es que los otros fueran una mina de excelencias letrísticas, y puede que también fueran textos malos, no sé, pero este último fue demasiado malo como para que aquel no se diera cuenta de ello. Es más, el estilo es diferente a lo que ya le conocíamos… ¿Será que un día despertó diciendo: caramba, hoy me siento cursi y voy a escribir algo cursi para que todos vean lo cursi que me volví en todo el tiempo que no escribí entradas...? ¡No lo creo! Dese cuenta no más, el título vomitivo, los lugares fieramente comunes, la sensiblería pastosa, la repetición aparentemente ingenua y sin sentido de una palabra que fastidia al ojo y al oído si se repite más de cinco veces en tan pocas líneas y sin justificación… detalles que me parecieron, digamos, sospechosos. Y luego, al final, la clave.


- ¿La clave?


- Sí, la clave. O al menos siento que hay algo ahí, como una especie de guiño, cuando pone “Por eso hoy es día de lluvia”. Espacio. “Porque llueve”.


- Pues se trata de una horrible redundancia. ¿Qué clave puede haber?


- Muy simple. Si todo lo anterior parecía sospechoso, esto lo fue aún más. No es que lo esté sobreestimando, pero de verdad no creo que él sea tan bobotazo que no se dé cuenta de la redundancia tan obvia de esa última parte. Hoy es día de lluvia porque llueve. Es tan redundante y tan estúpida que destaca sobre el resto. Si con el texto en sí podría haberse filtrado un charquillo mínimo de duda, que diera la igualmente pequeña posibilidad de pensar que en efecto se le fueron las luces a este infeliz come bytes, con la frase final toda duda se destruye: Todo fue a propósito. Hay una intención tácita, enmascarada, enterrada allí, con una señal en la superficie que insinúa su presencia. ¿Qué querrá él al haber escrito algo así adrede? No sé, pero esto no me gusta.


- Para serle sincero, a mí tampoco. Esto se pone tenebroso. Quizá se trate de un pomplot--


- Complot, se escribe complot…


- ¡No!, pomplot, porque es más retorcido que un complot… es una trampa y quiere que caigamos en ella, porque es… ¡Un extraterrestre de tiempos de la Segunda Guerra Mundial que quiere abducirnos y escudriñar nuestros cuerpos para imitar nuestras figuras y pasar desapercibido y engañarlos a todos para invadirnos y convertirnos en esclavos que bailen mambo por todo el universo hasta el fin de nuestros tiempos!


- Ja, ja, ja… muy gracioso. Aparte del obvio y forzado sarcasmo, sabes bien que sería imposible. No tenemos exactamente lo que podría llamarse cuerpo, es decir… bueno, no importa ahora. No creo que haya nada de tenebroso o de siniestro con todo este rollo, pero sin embargo sigue sin gustarme. Me pone intranquilo…


- Bah, tonterías… suponiendo que aquel haya escrito ese trasto a propósito y con una firme intención, estoy seguro de que debe ser cualquier nimiedad, un ejercicio sin importancia, como los que a él le gustan. Es más, me inclino más por creer que en verdad se le fueron las luces. Digo, algún día tenía que pasar…


En eso te equivocas, remedo de ser.



- ¡¡!!


- ¡¡!!

- Mierda, nos estuvo observando todo el tiempo… ¡Horror! ¡Estamos perdidos! ¿Qué haremos, qué haremos?


Ya deja el sarcasmo, nunca te sale bien. Es obvio que escribí esa porquería de texto a propósito. Es más, me reía de lo estúpido que me iba saliendo. Y cuando lo iba terminando, se me ocurrió que podría dejarlo a la vista de ustedes. Sabía que en algún momento esperarían a que “me fuera” para comenzar a abalanzarse sobre él y destrozarlo como si fuera papel regalo, en especial tú. En ocasiones son tan predecibles…


- Hey, ¿Desde cuándo tanto tuteo? Que yo recuerde no le he dado confianza para ello…


- Carajo, ¡Cállese! no empeore más las cosas…



Pues puedo tutearlos cuando yo quiera; además eso no importa ahora. La cuestión es que hice el texto de esa forma para observar sus reacciones, cómo se desarrollaba su diálogo, qué direcciones tomaba, que forma iba tomando por el camino. Como una especie de experimento, podría decir. Y de alguna forma las cosas salieron como yo esperaba.



- ¿Y qué conclusión saca de todo esto?



Pues que nos hace falta movernos más. A todos. Por ejemplo, mi texto y el título de la entrada, con sus lugares comunes y todo, fueron una invitación a la crítica despiadada, al comentario cínico y desprovisto de buenas intenciones. Mi texto fue creado para ser demolido con saña, con sevicia. O al menos esperaba algún despliegue de ingenio, de exquisita ironía, de chiste fino y lleno de picardía. De algún modo esperaba algo de ustedes. Pero en lugar de eso me encuentro con unos comentarios fofos de tu parte y un diálogo desenvuelto en una forma muy corriente, con varios lugares comunes repartidos entre frases y formas de hablar (como una mezcla entre tono de traducción de algún texto gringo y otro británico, no sé si me entienden); sí, está bien, fue bueno que pudieras descubrir que había algo escondido, lo valoro. Pero con ese giro esperaba más juego de ustedes. No sé, estoy algo decepcionado.


- Pero hombre, usted sabe muy bien que todo este juego entre los tres no es nada original. No más mire a Nothomb, a Mahfuz… usted no está inventando nada nuevo, al menos en cuanto a estructuras de diálogos, y es muy probable que tampoco pueda agregar algo nuevo a la sopa. Y así es muy difícil que podamos hacer algo bueno a la primera…



- En eso él tiene razón… esta dinámica ya se habrá hecho en otra parte, ¿No?


- Claro que tengo razón, siempre la tengo… ahh, sólo somos un trío de lugarones comunotes…


Uhmmm… lugarones… suena divertido…


- Sí, pero no lo es, señor, a la larga no lo es…


Ejem... Bueno, volviendo al tema, sé que es posible que alguien, o un puñado de alguienes, ya hayan desarrollado algo similar, e incluso les haya salido mejor. Sé que sería un error decir que estoy intentando algo experimental, no sólo por lo que acabo de plantear, sino porque en últimas no estoy siguiendo un método (al menos no en el sentido estricto de la palabra), ni tengo una hipótesis y objetivos claros, ni trato de demostrar nada, aunque si deba admitir que hay algo de ensayo y error en el proceso. Sé que no puedo esperar que todo lo que hagamos esté libre de lugares comunes (es más, puede que todo este párrafo sea un lugar común, qué le vamos a hacer), porque en medio del aprendizaje debo enfrentarlos varias veces, porque son inevitables y hasta necesarios, porque quizá el truco o la gracia sea conocer cómo pueden ayudar a hacer comprensible y claro el texto, permitiendo que entren un poco al texto pero sin dejar que lo dominen y lo acaben convirtiendo en un pedazo de basura como el que está al principio de este enredo…


- Pues yo no veo esto como un enredo…


Pero yo sí. A veces debo esforzarme para no perderme, suele ocurrirme mucho. Lo que quería decir con todo esto es que si sigo con esas ideas nunca vamos a llegar a ninguna parte, y lo único que va a ocurrir es que nos quedemos varados varios meses en silencio, temiendo una inoportuna lluvia de lugares comunes en toda esta sequía.


- O sea que todo esto fue una especie de danza de la lluvia de lugares comunes…


No, ninguna danza y ninguna lluvia hubo aquí. De pronto una llovizna, un vientecillo húmedo de lugares comunes, o al menos eso espero, al menos eso prefiero creer… en fin, nada que no pueda manejarse. Sencillamente toca seguir jugando, a ver si entre juego y juego nos quitamos un poco el óxido y llegamos a algo interesante ¿No creen?


- Pues si usted lo dice, míster “Llueve en mi corazón, llueve en mi alma, llueve en mi mente”… Bah, para que me resisto, si se que tarde o temprano terminaría dándole la razón…


- Por aquello de que nosotros y él…


- Sí, por eso… pero Shhh… no lo mencione de a mucho. El solo hacerlo es incurrir en un lugar común, ¡Ojo!


Ahh, deje ya la bobada… por algo acabo de plantear que es una pérdida de tiempo temerle tanto a eso…


- Sí, pero yo solo decía… no me crean tan malintencionado tampoco… sólo quería poner un poco de desenfadamiento…


- Pues como con usted a veces las cosas son así, ya ni sabemos qué pensar de lo que dice…


- ¿Y ahora qué, se pusieron en mi contra? ¿El mundo vs. Yo? ¡No es justo!


- Oh, pero qué trágico te has vuelto… ya no soportas ni la más pequeña…


(BUENO, ¿ES QUE ESTE TRÍO DE HIJUEPUTAS NO VA A DEJAR DORMIR? ¿VAN A PONERSE OTRA VEZ CON SUS MARICADAS COMO SIEMPRE? ¿ES QUE ME QUIEREN VER PUTO O QUÉ, MALPARIDOS DESGRACIADOS?)


¿Y ése quién es?



- ¿?


- ¿?

sábado, 26 de febrero de 2011

Lluvia

Lluvia.

Bailarina quejumbrosa,
enjambre de amapolas
que duerme nuestras venas.

Llorona compulsiva
nos dejas tus lagañas
en este imperio triste
que secunda la nostalgia.

martes, 15 de febrero de 2011

Despedida (27 De Enero de 2011)



No recuerdo haber sentido algo más emocionante que los momentos previos al despegue de un avión. Primero el aviso del capitán hacia su tripulación: Tripulación preparados para el despegue. Después, el ruedo de las hélices que se multiplica miles de veces; el silencio de todos los pasajeros. Siempre que llega este momento me levanto levemente de la silla y hago un avistamiento a mí alrededor. Algunas señoras oran en silencio y se dan la bendición, otros, menos creyentes, buscan la calma con ejercicios de respiración, inhalo, exhalo, al lado de mi silla un hombre cierra los ojos y espera con resignación ese extraño instante. La velocidad crucero es sentida por cada uno de los pasajeros, el nerviosismo se apodera de todos los viajeros, sin importar las veces que hayan volado. Después el vacio. Las llantas se elevan, el concreto ha quedado abajo, el avión toma altura. Vuelve la respiración, el murmullo se despierta de nuevo en los pasillos, la vida dentro del vehículo vuelve a su cauce, todos seremos uno por varias de 8 horas.
Me dejo llevar por el frio de la noche aunque  no lo siento aislado dentro de la cabina del avión, pero juego a sentirlo, a vivir el transcurrir de la vida abajo. Tengo la mejor vista de Bogotá que haya tenido en toda mi vida; creo que es la mejor vista aérea que se ha dibujado en mis recuerdos. Los carros continúan su marcha llevando cansadas personas al hogar, las luces de los edificios vigilan el sueño de los trabajadores, que lejos, en sus casas, sueñan con no regresar a la oficina nunca más. Abajo la ciudad es inocente, continua su belleza sin pensar en nosotros que llenamos cada espacio de pensamientos y de sentido; para ella quizás, un  sinsentido.
Pego la cara a la ventanilla, la noche y la vida nocturna embellecen el inicio de este viaje, no queda más que esculpir el recuerdo en mi mente, antes de que el tiempo barra la habitación de los recuerdos y todo desaparezca con las bestias del olvido. Bella noche Bogotana, linda y fría Colombia esta noche, adiós, no veré mas tus entrañas, me refugio en la cueva del sur, adiós hasta que nos encontremos soñando en los miedos de la calle.

miércoles, 5 de enero de 2011

Sobre La María


Siempre me había negado leer La María de Jorge Isaacs, supongo que debido a los duros comentarios respecto a ella que emitían diferentes fuentes “confiables” en cuanto a literatura se refiere. Sin embargo, en este viaje a Santa Marta, teniéndola a mi alcance deje todo comentario externo y siguiendo mis propios deseos de exploración la devore en un par de días. Si bien es cierto que no es una novela redonda y que a mi juicio hay un par de capítulos que sobran, si es una novela que absorbe y merece la pena ser leída. ¿Que es lenta? si. ¿Que pertenece a una Colombia ajena en costumbres y por eso casi ficticia para la mayoría de nosotros? También. Sin embargo, Jorge Isaacs logra dejarnos un bello e importante legado sobre nuestro pasado, nuestros rituales y formas de comportarnos como Colombianos en un país aun rural y apegado a la tierra.

Ahora con tranquilidad puedo decir que conozco más que la casa donde este escritor pasó parte de su vida y que ha sido olvidada de forma imperdonable por el gobierno local y nacional. Ya he saldado mi deuda con este escritor Valluno que aparece en los billetes de cincuenta mil pesos en Colombia. Me atreví a acercarme a su obra, a explorarla, a intentar entenderla y a recomendarla. Pero el país sigue en deuda con su obra y con su casa que se termina de caer a las afueras de Ibagué sin que hagamos nada por evitarlo.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Sobre Rhapsody

Desde que vivo solo he tomado la manía de acostarme en la cama y volar con los acordes mágicos de las bandas que van rotando sus vientos en espiral sobre mi cuarto. Esa cosa misteriosa, dominante y mística que es lo que los seres humanos llamamos música. Cada vez que lo hago descubro mas perfecciones musicales que maravillan mis oídos y alma de forma tal que me hago deleite y sueño. Hoy he escuchado la canción The dark tower of Abbys que por no decir nada más me conmovió de tal forma que me sentí parte de esa humanidad ancestral que en tiempos arrugados descubrió la mezcla armoniosa de los sonidos, la música.

Y es que Rhapsody realmente logra una armonía tal que su música, como a pocas bandas les sucede, logra crear más que una atmosfera, trascender la conjugación del tiempo y encapsularnos en un mundo propio donde se siente con intensidad, con honores y con luchas por la verdad y el amor. Es decir genera tal empatía en el escucha que deja de ser un cómplice para ser un codelirante que visita un mundo al que solo se accede por medio de la música. Esta agrupación logro construir con total perfección héroes, valles, doncellas y dragones que deseamos no solo conocer sino explorar.

Las emociones suscitadas por un ensamble de tal magnitud van desde las lágrimas en honor a la doncella perdida o héroe caído, hasta la euforia por la batalla ganada. En esta bella noche de primavera porteña levanto la copa en nombre de Rhapsody y su alquimia musical ¡ah vuestra salud!

Si bien creo que vale la pena darse a la tarea de navegar sobre toda su discografía incluyendo los trabajos de Luca Turilli, recomiendo algunas canciones en las que realmente hay que perderse alguna vez en la vida.

The dark tower of Abbys (Symphony of Enchanted Lands)

Wings of Destiny (Symphony of Enchanted Lands)

Symphony of Enchanted Lands (Symphony of Enchanted Lands)

Beyond the gates of infinity (Symphony of Enchanted Lands)

Eternal glory (Symphony of Enchanted Lands)

The march of the swordmaster (Power of the Dragonflame)

Lamento Eroico (Power of the Dragonflame)

In tenebris (Power of the Dragonflame)

Gargoyles, Angels and Darkness (Power of the Dragonflame)

Virgin skies (Legendary tales)

Lord of the Thunder (Legendary tales)

Ira tenax (Legendary tales)

Forest of unicorns (Legendary tales)

The bloody rage of the titans (Legendary tales)

Lux triumphans (Legendary tales)

Holy Thunderforce (Legendary tales)

Dargor,shadowlord of the Black Mountain (Legendary tales)

miércoles, 3 de noviembre de 2010

En la tierra de la carne de res, yo como pollo.

Argentina, conocido a nivel mundial por el tango y la excelente calidad de ganado que se da en las fértiles tierras de las pampas es mi casa en la actualidad. Pero a pesar de los asados a que asisto y que muchas personas me hablan de su deliciosa carne, yo, en “secreto” sigo comiendo y preparando mayoritariamente pollo. Y es que el sabor, el olor y la impresión que me produce un plato de pollo bien preparado es superior a cualquier asado o preparación de carne de res que por estos lados abunda. Sopa de pollo desmechado, pechuga a la plancha, pollo en salsa de champiñones y hasta solo; lo como con un gusto que pocas cosas me producen.

Cuando voy con algunos amigos a una parrilla y el mesero nos pregunta ¿Cómo quieren la carne?

Yo respondo, ¡yo como pollo!

lunes, 25 de octubre de 2010

Tengo ambre

Carajo, tengo mucha ambre. Sí, sin la hache, porque me la comí. De la purita ambre.

Se lo cuento a otros, lo pregono por ahí. Y nadie me hace caso. Pero es que nadie. Debe ser que no tienen ambre.

El problema es que en este caso se el qué, pero no el cómo. O bueno: ahora que lo pienso si se el como, sin la tilde, porque también me la acabo de comer. ¿Por qué sé que tengo mucha ambre? porque estoy que como. "vaya estúpido juego de palabras", podrán decir. Pero es que es así, y así es como lo sienten mis tripas. Tripas que, a propósito, y para no ayudarme, cada vez sienten más ambre.

En un principio pensé que sólo eran impulsos del señor Estómago. Y luego de una reflexión no muy profunda pude confirmarlo: el señor Estómago tiene ambre. Y yo con él, pues es mi señor Estómago. O sea que, si somos precisos, en este momento la necesidad es digestiva. "Es obvio, no hay que ser un genio para adivinar eso", dirán quienes no tienen la necesidad digestiva ahora. Incluso los que la tienen en el momento, si pienso un poquito más de lo que el señor Estómago me permite sin hacerme pataleos –porque en este momento el señor Estómago me está haciendo pucheros y me hala de la camisa y me dice: "Hey, vamos a comer, tú ya sabes por qué"–. Pero no necesito querer ser un genio ahora, solo soy alguien que tiene ambre. Y además, si me permito seguir con mi apreciación, luego me di cuenta de que la cosa no es sólo un asunto digestivo. ¿Como podría ser sólo algo de la digestión si dentro de lo que digo veo cosas que me provocan más ambre?

Es decir, vamos –como suelen comenzar los ibéricos sus frases, y vaya qué delicias para el señor Estómago deben de tener allá, ¿No?–, si es evidente que apenas me estoy conteniendo con estas mismas palabras. Cada vez tengo más evidencias de que todo este rollo no es solo capricho del señor Estómago. Y si todavía no es claro para quienes no tienen ambre (y no incluyo ya a los que la tengan, pues presumo en este momento están haciendo lo que debería hacer yo ahora –y es algo que el señor Estómago también me reclama–, que es comer), me he tomado la molestia de poner en cursiva cada ejemplo de mi voraz apetito indefinido y apenas contenido. Si me faltó poner en cursiva alguna, si pues me disculpan, que ya poco puedo pensar de tanta ambre. Y también me han de perdonar tanta repetición del ambre, pues han de entender también que, mientras cuento todo esto, algo he de comer...

Lo peor es que el asunto empeora. Sí, lo sé, "menuda perogrullada", dirán esta vez mis implacables jueces, que como ya he dicho pero no me canso de repetir, aún no tienen ambre –sí, aún no tienen ambre, porque desde la perspectiva del señor estómago existen dos tipos de personas en el mundo, los que tienen ambre y los que la van a tener–. Pero es que es así. Verán, por un lado ya se hace evidente que cada vez percibo una mayor necesidad de sostener lo que digo, de justificarme ante alguien. Si esto me pasa es probable que haya traspasado la cuarta paré. Y aunque pienso que existen muchos textos en el mundo que la rompen –creo que a veces es algo inevitable y hasta característico de muchos cuentos en primera persona u otros gèneros literarios, no se–, lo que infiero que sucedió aquí fue que también me comí la cuarta paré. La evidencia, como las otras pistas, la dejo también en cursiva. Evidencia que también me estoy comiendo de a pedacitos. Sí. Trocito por trocito. Sin prisa pero sin pausa. Festina Lente. Sí. Ajá. Carajo. Ahora me como las tildes. Esto cada vez va peor. Señor Estómago me lo advirtió: “Pilas que te comes las comas”. Muy tarde ya. Milagro que no me comí las comillas. Parecen dos comitas junticas. Sabrosas. Mmm. Ahora qué pasará? Carajo. La inicial interrogante. Esto no me gusta. Sabroso. Pero no me gusta.

Más bien me alejo del párrafo. Quién sabe? De pronto me lo terminaba comiendo. Con esta ambre que ya no puedo contener más de pronto algo así pasaba.

Señor Estómago me lo dijo.

Lo sé.

Mierda

Ahora el punto Mejor me alejo

Me alejo más


Y más



Y un poco mas




Rayos la tilde





Carajo las de admiracion





RECURRO A LAS MAYUSCULAS










LAS MAYUSCULAS SON EL REMPLAZO DEL GRITO










AUXILO LAS LETAS










SCRRO SÑR STOMGO










MRDA QE AMBRE










NO










N

viernes, 15 de octubre de 2010

Un dia dentro de...

Esta mañana amanecí con la idea de no hablar con nadie diferente a mi mismo por un día y su noche. Me quede tendido sobre la cama hasta que el sol se posó sobre lo más alto de una de las paredes de mi cuarto y supe que era el momento de empezar mi día y asumir mi auto-imposición.

Debo decir que no ha sido difícil para mí, pues vivo abandonado a mi suerte, solamente me hablo con dos vecinos, los demás nada más que el saludo. Uno de ellos que si bien es muy silencioso y explorador de su interior se ha ido a un retiro espiritual a la provincia de Córdoba. El otro un hombre y su familia todos nacidos en Tucumán, bulliciosos y amigueros, pero que rara vez vienen a golpear a mi puerta, más bien hablo con ellos durante un asado el domingo o cuando “doy papaya” y me aparezco cerca de alguno de ellos. Y como he decidido no solo no hablar con nadie sino permanecer en completo encierro por el día de hoy las posibilidades de éxito son altas.

¿Para que una persona hace eso, y que hace una persona sin comunicarse con otras?

Esas dos preguntas me llevaron a tomar esta decisión y mirar hacia donde el silencio y la soledad me inducían.

Aquí mis conclusiones, digo MIS, pues cada existencia podrá obtener sus propias respuestas:

Con respecto al primero de mis planteamientos debo decir que en mi caso, lo hice para escucharme más a mí mismo, cosa que desde que estoy en la Argentina se ha vuelto mucho más importante que antes. También para entablar otro tipo de comunicaciones de forma más seria, comunicación con los libros, con la belleza de sus contenidos, para ver y sentir vívidamente su magia, para navegar en las notas de la música sin ningún tipo de distracción o preocupación mental. O incluso para escribir esta entrada y comunicarme con todos o con nadie, dependiendo de si alguien o ninguno se tome el trabajo de desgastar un poco mas sus ojos y elevar su imaginación y leer esto.

Se descubren más tipo de comunicaciones de las que somos conscientes cuando tenemos un medio principal y habitual de entablar comunicaciones, directamente con el exterior.

También me di cuenta que respondiendo a mi primer interrogante y sin darme cuenta respondí el segundo; muchas veces las preguntas pierden su fundamento cuando vemos resultas nuestras dudas y miedos en la práctica.

En el fondo, quizás también lo haga para pasar el tiempo de forma más divertida, creando juegos y retos para mí mismo, para experimentar las posibilidades que ofrece la vida y que cuando vives solo te puedes dar el lujo de contemplar.

Son las diecinueve horas, así como al abrir los ojos esta mañana observe la luz bailando sobre mi pared blanca, a hora la veo partir. Su danza se desplaza hasta kilómetros indómitos, lejos de una verdad absoluta para mí, pero desde mi unidad existencial puedo imaginar hacia donde ha ido, porque objeto abra remplazado mi pared blanca, de quien habrá hecho su nuevo parejo en la danza de la vida. Dulce era la calma del día, amable la noche se halla.

martes, 28 de septiembre de 2010

Despertando instintos

Pronto cumpliré un mes en Buenos Aires y mi vida desde que llegue, hasta hoy, que escribo esta entrada, ha venido atravesando diferentes etapas, en lo que comúnmente llamaríamos adaptación a una nueva cultura o forma de vida. Sin embargo, más acá de esos estándares y costumbres que se aprenden y desaprenden surgen elementos que se pueden llegar a apropiar de una persona casi en su totalidad, si se lo permitimos, hablo de los instintos.

Cuando vivía en Colombia tenia diversas reglas que sin cuestionar, la mayoría de las veces, se fueron inculcando y modelando dentro de mi aparato psíquico. Aunque podría citar muchas, lo cual daría para otra entrada, me limitaré a poner el ejemplo que, a mi parecer, es el más indicado para esta situación: las comidas y sus horarios.

En mi casa, desde que tengo uso de razón, siempre se desayunó a las siete y media de la mañana, se almorzó a las doce y se cenó a las seis y treinta. No recuerdo, salvo muy contadas excepciones u ocasiones muy especiales, que esta norma fuera transgredida. No digo que esto sea para nada malo, solo es un ejemplo de como las normas pueden volverse un hábito, momento en el cual ya difícilmente es modificable, y lo que es más, llega a hacerse parte del inconsciente colectivo familiar; pues desde que mi tatarabuela lo empezó a implementar, esta costumbre siempre se ha mantenido, y mis tías en la actualidad, lo adaptan a sus familias cuando formar un nuevo hogar.

Ahora a miles de kilómetros y luego de días extrañando estas costumbres, las empiezo a cuestionar, y no solo las de mi familia, que me ha servido de ejemplo, sino todas los hábitos que se nos han sido impuestos a lo largo de nuestra civilización. Es cierto, dirán muchos defensores del orden, que es necesario para adaptarnos a un mundo de consumo y de funcionamiento adecuado, pero ¿comemos cuando realmente queremos comer y no cuando nuestro aprendizaje ya no lo ha indicado?

Ahora, tras la soledad de mi hogar, en el reencuentro conmigo mismo, (con lo que ya sabía de mí, lo que no y lo mucho que aún me falta por descubrir) ocurren situaciones y cambios que ahora, después de meditar, cuento con desparpajo: Como cuando me viene en gana, cuando mi instinto me lo indica, a veces devoro kilos de pan y Coca-Cola, para después mirar como bobo el techo sin más. En otros momentos cocino con paciencia y con tiempos exactos, secreto principal de cualquier cheff, y logro realmente deliciosos manjares, pollos, pastas, carne, arroces y hasta postres. Pero hay veces que me abandono a mi suerte, o mejor, a mis instintos y paso el día con un café y un poco de fruta; la ansiedad que me dominaba tiempo atrás se ha retirado, o al menos escondido.

Debo además agregar, que los baños, dos o hasta tres veces al día, si el calor era mucho, ya no existen, me baño una vez y si no me viene en gana lo omito, bañándome día de por medio, ¿por qué habría de hacerlo si no me nace, y no afecta en lo más mínimo mis actividades?

Muchas cosas han ido cambiando, ¿Qué quieren que les cuente más? Pues no. ¿Por qué?

Porque le hago caso a mis instintos, ¿o creen que perdería todo lo que he escrito?

Me voy a devorar un pedazo de pan, o a cocinar, o simplemente a abandonarme sobre la cama y viajar a donde pueda.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Primera entrada desde el auto-exilio

Agosto 2010

Cualquier cosa que diga en este momento merece ser explicada, Para que cualquiera que intente leer este pequeño fragmento de mi vida, pueda hacerse, al menos una pequeña idea, de lo que ocurre en este momento de mi existencia. Hace más de un mes he emprendido una travesía con el objetivo de explorar el continente que me vio nacer. Después de recorrer Ecuador he llegado a Perú, donde me encuentro ahora, aunque esté a punto de saltar a Bolivia. Espero llegar en un mes, un poco más o un poco menos a Buenos Aires.

La idea no solo es explorar Latino América, también es explorar mi propia vida, estoy convencido de que todo viaje implica una exploración del interior de sí mismo, un encuentro con el alma y con las raíces. Allá, espero poder escribir un poco de lo que hay dentro de mí, es decir, deseo dejar a flote mis cicatrices, lo que poco a poco ha construido lo que soy y también lo que seré.

Hoy mismo, después de mucho tiempo en la carretera, después de muchos encuentros, paisajes, alegrías y nostalgias de a poco empiezo a encontrar en las palabras el alivio y cobijo a esta soledad que por momentos, aunque pocos, me invade y me recuerda que en algún lugar del mundo hay un lugar que llamaba casa. La verdad es que de a poco empiezo a llamar hogar a todos los lugares en donde aprendo, convivo y respiro, pero aun en el fondo de mi vida siento a Colombia como un lugar especial.

De a poco iré desprendiendo imágenes, lugares, pensamientos y sentimientos de lo que es vivir afuera, de lo que un día en tu casa y en tu escuela te dijeron que se llamaba patria. Por ahora me despido con un mar de sensaciones que espero ir organizando y quizás, con suerte, pueda poner en letras. Desde el Puno, a orillas del Titicaca sumerjo esta botella de mi ser, con la esperanza que en algún momento haga eco en algún lugar de la existencia.

jueves, 15 de julio de 2010

Olso por pasir de salo

Como ya va siendo usual, el título de esta entrada es, como algunos de los títulos que he puesto antes por aquí, una parodia interna. Hasta aquí no hay nada que se salga de aquello que llaman normal; muchos blogs se parodian a sí mismos en algún momento de sus procesos de vida, conscientes un dia de que su capacidad de hacer mofa de sus universos personales, cada vez que sea necesario o cada que se les ofrezca en gana, es un derecho que no necesitan pedir a nadie. Lo que me parece curioso en esta ocasión es que cada vez esto de generar títulos paródicos de las entradas de Heroedeleyenda para mis entradas ha ido perdiendo más y más su objetivo original (que puede ser inferido como el más sencillo acto de tomar del pelo, aunque usted o tú, lector, puede o puedes tomar otro camino de infértil interpretación), y se va convirtiendo en algo parecido a un capricho, a un antojo sin mucho escrúpulo pero sin mucha sustancia. Crear títulos bromísticos se me fue convirtiendo en algo unitario, que ya poco o nada tiene que ver con la entrada o el bloque de letras que arrojo luego al que me aguanta, o lo que es lo mismo, al que me lee.

¡Y pensar que usé el recurso de la parodia sólo una vez antes de ésta! ¡Qué pérdida de mi norte tan esquiva y acelerada!

¿Qué puedo esperar ahora? En el mejor de los casos, lo que podría resultar de adelante en ahora sería la rápida consolidación de un próximo título de entrada como una parodia independiente, rebelde incluso, que pretenda, solita y sin apoyo, dar su ataque bufonesco a quien sea, incluso si sólo se trata de un golpecito sin herradura (eso al título no le importaría, pues apreciaría sus logros más en términos cualitativos... en serio...). En el peor de los casos, podría temer que sólo salga de todo esto un masacote de ideas sin padrino, no carentes de lógica interna pero sí con un nefasto distraidor, en la forma de un título que dice algo pero aparte, lejano, como si gritara sus burlas desde otras tierras, porque le importaría un cebo deberle el beneficio de la antelación a la entrada, dejando al lector perplejo y sutilmente molesto.

¿Seguir con los títulos con referencias burlonas a este espacio de la atarraya? ¿Abandonar la idea por tacharla de escuálida en un momento dado y seguir con tonterías mal destiladas en el aire, en este aire de números pares que suele respirarse aquí? ¿Ser consciente del hecho de que no seguiré por ahora jodiendo con el tema, no tanto por la escasez de recursos retóricos afines al pueril tópico (aspecto que podría solucionarse con algo de paciencia y trabajo pausado pero ininterumpido), sino porque mi trasero se está quejando por haber permanecido horas seguidas en el mismo asiento?

Ahhh... preguntas estúpidas, que sazonan mi camino bloguero y llenan de absurdo pero divertido ego autista mis escribires... nunca permitan que las ultrajen con intentos amorfos de respuesta... vivan libres, inservibles, intrascendentes, y háganme felicioso...




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- Olso por pasir de salo... ¡Qué genial y qué inútil al mismo tiempo! Qué admirable sin duda ese desprecio por las cosas importantes...

- ¿De verdad ESO piensa? A la hora del postre yo no veo mayores pretensiones que las de embutir relleno por aquí con un minúsculo nudo de cohesión...

- Bahh... Por ahora no pienso hacerle caso. Bien puede irse a su rinconcito, mi señor.

- Yo tampoco pienso hacerle caso por ahora a su intolerancia hacia mis ideas y opiniones muy validosas y poco gastadas, frutos del derecho innegable de llevarle la contraria al mundo...

- Pues según lo que acaba de decir, no es muy creíble su posición.

- ¿Ah, sí?

- Ah, sí.

- Seeehhh...

- Bueeehhh...

viernes, 2 de julio de 2010

Solo por salir de paso

Hoy escribo porque me toca, porque he sido un completo irresponsable con mis compromisos con el blog, y hoy a punto de vencerse el tiempo estipulado para escribir mi entrada y sin tema para escribir hablo o mejor, digito palabras relacionadas con mi impotencia para sentarme horas enteras y producir.

Hoy ando por Bogota disfrutando de la ciudad, sus atractivos, su historia y sobre todo de su gente y cultura. Por eso no deseo escribir nada, tal vez no sirva para esto, o quizás solo sea que no es el momento. Ahora mismo me esperan para seguir caminando y conociendo la ciudad y su vida nocturna. Mejor me voy a deleitar con cosas que si me interesan. De ante mano me disculpo y prometo solemnemente compensar a nuestra pequeña ¨secta¨ de lectores. La ciudad esta fría y las calles llenas de ilusiones y cosas para hacer, hasta la próxima.