Hoy vi a Alfonso.
Estaba de paso por Bogotá, guiando a un grupo de estudiantes de la universidad
en la que trabaja. Al encontrarlo en la calle que me había indicado me di
cuenta de cuánto lo quiero, y además de cuánta falta me hace un par con el que
pueda hablar francamente. Por un momento había descartado el largo viaje hasta
el centro, de hecho lo había llamado con la intención de decirle que no podría
ir, pero al escuchar su voz se avivó mi necesidad de compañía y de afecto, así
que le dije que nos veríamos en un par de horas. Me acerqué al grupo y lo
saludé. La barba que ahora se deja crecer parece marcar el hecho, apenas
natural pero en cierta medida doloroso, de que el Alfonso actual es uno
distinto al que conocí. Salvo el otro profesor que guiaba y que me presentó, ignoré
a las demás personas que estaban con él.
Somos árboles en busca de frutos, de frutos a seis manos. Queremos, cada vez que sea posible, producir alguna delicia escrita; a punta de ensayos y terrores iremos sacando mejores cosechas cada vez, para todos, para algunos o simplemente para nosotros, que amamos las letras y su jugo. Acompáñanos y comenta nuestros frutos o huye: la cosecha de la vida seguirá.
lunes, 1 de agosto de 2016
domingo, 6 de septiembre de 2015
Un recuerdo de colegio
Un día llegó un profesor al salón
y dijo: “Vamos a salir a tomar las fotos del anuario”. En esa época yo aún era
parte del grupo de ñoños, aunque no recuerdo haber sido tan estudioso como
ellos. Solo me dejaba llevar por ese aire de buenas notas y le sacaba provecho,
como cuando había trabajos grupales. Sin embargo, para entonces mi lugar en ese
grupo parecía debilitado. Al fin y al cabo, ellos se conocían desde primaria, y
yo había llegado al colegio en séptimo.
Nos dijeron que para las fotos
solo se podían armar grupos de ocho. Cuando vi a mis compañeros contarse me dio
la impresión de que me estaban dejando por fuera. No recuerdo bien cómo ni por
qué llegué a esa idea. Quizás yo mismo me puse a contarlos y vi que sería el
noveno, o probablemente lo que me irritó es que estuvieran contemplando agregar
a su foto a otro tipo que no tenía nada que ver; el caso es que me convencí de
que no iba a aparecer junto a ellos en el anuario. Desencantado y con algo de
rencor, me separé deliberadamente y me puse a caminar por ahí mientras el
profesor tomaba las fotos. De algún modo terminé junto a los renegados del
salón: un par de repitentes y otros más con los que a nadie le interesaba
tomarse fotos. Uno se la pasó burlándose de las abundantes cejas del profesor: deformaba
su apellido de Cerón a Cejón y lo llamaba a los gritos: “¡Cejón! ¡Cejón!”. Ese
año aparecí en el anuario con ellos: una foto de seis, en la que tengo cara de
amargado.
Justo después de mi foto tomaron
la de los ñoños, acostados en un montículo de pasto. Mientras volvía al salón
uno de ellos, aún en su pose fotogénica, empezó a decirme “Voltearepas”. Eran
siete.
Creo que ese fue el día en que se
quebró mi amistad con esos compañeros. Luego de eso seguimos andando juntos un
tiempo, pero gradualmente empecé a alejarme y a sacar notas cada vez más
mediocres, hasta que perdí un año.
martes, 16 de septiembre de 2014
Registro de un romance fallido
- · 6:40 PM 6/3/13. Soy Amanda. Mi hermana se quedo con el otro cel, mandame tus sms por este. :)
- · 8:05 PM 6/3/13. Adi, por donde andas?
- · 11:55 AM 8/3/13. Sin grandes novedades. Como la estas pasando tu, zanguanguito? :)
- · 12:51 PM 8/3/13. Quieres que nos encontremos a las 3 en Unicentro?
- · 12:59 PM 8/3/13. Llamada perdida.
- · 1:42 PM 8/3/13. Por donde andas? Yo estoy en el Mac Donalds.
- · 7:43 PM 8/3/13. Adi, dime que estas bien… Me siento terrible.
- · 7:58 PM 8/3/13. Perdoname.
- · 8:08 PM 8/3/13. Y ahora… En que estado queda nuestra amistad?
- · 8:22 PM 8/3/13. Hasta mañana, Adi. Que descanses…
- · 8:25 PM 8/3/13. Triste.
- · 8:26 PM 8/3/13. Ok. A que hora me llamas?
- · 8:32 PM 8/3/13. No puedo, tengo q estar aca. Llamame cuando termines con esos tramites.
- · 8:41 PM 8/3/13. Mañana a partir de 9.30.
- · 8:45 PM 8/3/13. Ok. Hasta mañana…
- · 12:20 PM 9/3/13. No Adi, hoy estoy cansada y necesito tiempo.
- · 12:35 PM 10/3/13. No me quedan minutos. Llamame a este num:
- · 12:54 PM 10/3/13. Llamame.
- · 1:05 PM 10/3/13. No me puedo comunicar.
- · 1:08 PM 10/3/13. Ok.
- · 3:40 PM 10/3/13. Vuelve a llamar.
- · 3:49 PM 10/3/13. Mañana por la tarde te confirmo hora y lugar.
- · 7:52 PM 11/3/13. Ok
- · 10:07 PM 17/3/13. Okis! No problem. :) Como andas, locuelo?
- · 10:13 PM 17/3/13. Este fin de semana. Tendria q fijarme si sab o dom. El sab te confirmo. Q aburrida q estoy! Jajaja
- · 10:20 PM 17/3/13. Ah no quieres que te llame por tel?
- · 11:37 PM 18/3/13. Q tipo d libros? Historia, lit, interes general?
- · 11:07 AM 21/3/13. Posterguemos el asunto de los cursos hasta el miercoles. Que tengas un dia maravilloso, estimado Adaleon! :)
- · 11:16 AM 23/3/13. Llamada perdida.
- · 6:51 PM 23/3/13. Llamada perdida.
- · 11:16 PM 23/3/13. Y su dueña, también. :)
- · 11:53 AM 24/3/13. Good morning, loc! Acabo de leer tu ultimo sms. Que necesitabas?
- · 1:45 PM 24/3/13. Contesta lacra! Jajaja
- · 1:49 PM 24/3/13. Jajaja, que clase de videos? Estas mas que disculpado.
- · 1:54 PM 24/3/13. Autoayuda? Jajaja. Deberias estar hojeando alguno de mis libros, vil ingrato! :)
- · 2:10 PM 24/3/13 Puede que si. Continua disfrutando de tu fuente de entretenimiento. :) See you!
- · 10:38 AM 25/3/13. Hola. Me acabas de despertar. Jajaja. Como andas?
- · 12:11 PM 26/3/13. Ey loc! Nos encontramos a las 3?
- · 12:14 PM 26/3/13. Ok!:)
- · 1:42 PM 26/3/13. Mejor… a las 4.
- · 6:07 PM 13/6/13. Llamada perdida.
- · 4:37 PM 17/6/13. Soy Amanda. No voy a poder ir. Perdoname.
- · 6:24 PM 19/9/13. Soy Amanda, tuve problemas, llegue una hora mas tarde y no pude llamarte. Vienes para aca?
En el encuentro de ese último mensaje la besé mientras nos despedíamos. Ella, después de su tímida respuesta, se arrepintió, y su mirada fulminó el valor de mis labios.
sábado, 13 de septiembre de 2014
Relatos salvajes
El único salvajismo de Relatos
salvajes es el del director contra el espectador y contra sus
personajes (sobre todo si no son de cierta clase). Lo que sigue tiene spoilers,
y lo escribí a propósito de la gran cantidad de opiniones que he visto
respecto a la película, tan encontradas como apasionadas, que me motivó a
tomar una posición como alguien que está estudiando cómo construir una
historia creíble, comprometida y eficaz. Cada número corresponde a un
relato, en el orden en que aparecen:
1. Nunca terminé de tomarme en serio la historia del avión, y cuando estaba resignándome a dejar pasar su increíble cadena de "coincidencias" resultó un giro forzado, cuya única (mala) sorpresa es el guiño al atentado de hace trece años.
2. El que escribió el guion, en su empeño de ganarse la simpatía del espectador a punta de cosquillas, demuestra una enorme torpeza en este diálogo, que además sale en el trailer:
—Buenas noches, ¿uno solo?
—Veo que sos buena para las matemáticas [inserte risas de condescendencia aquí].
Asumamos que esa respuesta retrata la grosería del cliente. Sin embargo, lo que ocurre a continuación desvirtúa totalmente este diálogo: el hijo del cliente llega al restaurante. Por la forma en que lo recibe resulta evidente que estaba esperándolo. Así que eran dos. Mesa para dos. La pregunta de la mesera entonces no tenía la intrascendencia que el cliente quiso poner de manifiesto.
Esta es solo una falla puntual al servicio del gigantesco despropósito que motiva el crimen final. La mesera da un parlamento demasiado explicativo para dar a entender que ese cliente es un “hijo de puta”. La cocinera responde y se identifica con este supuesto drama de inmediato. Ni una pregunta. Le basta que la mesera se muestre un poquito alterada por un señor para sugerir un homicidio, que termina cometiendo desde un argumento más bien postizo, o demasiado abstracto para una asesina impulsiva. O quizás el problema es que no tenemos ni una sola pista de las motivaciones de esa mujer para creer que quiera matar a un cliente solo porque inquieta a su compañera de trabajo. El hecho de que haya estado en la cárcel por algún motivo no basta.
3. La historia de los dos conductores es, en medio de este desastre, lo más creíble. El conflicto se establece en una situación creíble y escala más o menos bien. Lo que dice el forense al final, en la escena del crimen, es otra de esas cosquillitas que solo dan rabia.
4. El problema del tipo de las bombas es que es un simple psicópata, que por lo visto tarde o temprano iba a terminar matando a alguien (así como la cocinera de 2). Esta historia es la más ridícula de todas porque pretende ser seria y acusar al “sistema” de injusticias más bien triviales. Cuando la gente se reía o aplaudía esto en el teatro me parecía que eran personas que creían que estaba bien cometer atentados terroristas por simple desquite contra la burocracia de las multas. La escena final de esta historia es absurda, patética, mal hecha, horrible, ridícula: el pináculo de la payasada y el momento en el que me di cuenta de que esta película era decididamente mala. La tensión establecida entre los personajes se va al diablo: la esposa, que se quería divorciar, termina llevándole torta de cumpleaños al tipo ¡en la cárcel! Y a medida que ella avanza en la sala de visitas o el comedor o lo que sea, los otros prisioneros vitorean y aplauden. Incluso los policías aplauden, y la hija —una niña como de doce años— va en medio de esto. Todos celebran y ensalzan a “Bombita”, quien aparece perturbadoramente feliz.
5. Oh, luego viene una historia de una tremenda atrocidad contra lo que este director debe considerar “gente inferior”. Un niño rico atropella a una embarazada (tenía que serlo para darle trascendencia al asunto, supongo) y se escapa. El padre, para evitarle el problema a la criatura, le sugiere al cuidador de su flamante mansión que se eche la culpa a cambio de un montón de plata. El protagonista debería ser el niño rico, pero no: el director decide prestarle atención al padre solo para hacer ver mal al sistema judicial y poner de relieve la codicia de los abogados.
Yo creo que alguien le dijo esto al director:
—Dale, la película se llama Relatos salvajes. Algo salvaje tiene que pasar.
—Ya sé. Hagamos que maten al cuidador en una escena rápida al final.
Sin embargo, pierden de vista que lo más salvaje es la visión utilitaria y denigrante que se hace sobre ese cuidador, quien accede porque de otro modo no habría historia.
Concedamos que hay un punto en el que el padre se da cuenta de que el hijo tiene que asumir la responsabilidad de sus actos, pero lo hace más por frustración con los que lo chantajean que por una base moral. La escena en la que el niño rico dice que se hace cargo del asunto parece sacada de una comedia.
Dirán que hay gente así, que piensa en sus empleados de esa forma, y sí, ¿pero es necesario hacer que la charada esa les salga bien y encima que el pobre cuidador se muera? ¿Eso no es como validar ese tipo de comportamiento? Y además, si no fuera por un botellazo o lo que sea que le sacan de la nada, ¿qué pitos toca esa historia en el contexto propuesto?
6. Ya se termina, gracias a Dios. La última historia parece irse al diablo solo por darle lugar al despliegue cómico de la actriz Érica Rivas. Esta señora actuó en la versión argentina de Married… with children y tuvo reconocimiento por su papel de Marcy (María Elena en la adaptación). En esta ocasión me parece que ella solo interpretó el mismo papel, pero dándoles rienda suelta a sus compulsiones violentas. La escena del techo del edificio involucra a un personaje traído de los pelos, y en el vodevil de histeria y arrebatos en el que consiste el matrimonio los personajes son simples invitados de cartón que reaccionan a conveniencia del director y de su manía de sacarle risas al público. Aquí sí que hace eso.
Ahora bien, esa última historia me hizo dudar sobre las pretensiones de este director, porque lo que al principio parecía moverse sobre cierta sobriedad termina derrapando en una pareja de novios que tienen sexo encima de un ponqué, por una salida más graciosa que trágica. Intuyo que ni él mismo lo sabe, o habrá pretendido hacer una cosa cómica con unas historias y otra en serio con otras, pero eso ni siquiera deja que uno tome una posición frente a la violencia que mueve a los personajes, que parece tan gratuita como exagerada y que creo que pierde al público incauto, porque este termina riéndose de cosas muy graves o pierde de vista las cosas pesadas que ponen en juego los personajes en sus arranques de locura. Lo que se presenta como una locura momentánea parece más bien una locura latente a la que la gente —al menos los que estaban ahí en la sala conmigo— responde con un agrado espantoso. Es como si estas personas complacieran una morbosa fantasía en la pantalla. Estoy seguro de que aquellos que la defienden validan en cierto grado alguna de las formas de violencia y crimen planteados, y eso habla más de ellos que del supuesto talento de un director de cine.
1. Nunca terminé de tomarme en serio la historia del avión, y cuando estaba resignándome a dejar pasar su increíble cadena de "coincidencias" resultó un giro forzado, cuya única (mala) sorpresa es el guiño al atentado de hace trece años.
2. El que escribió el guion, en su empeño de ganarse la simpatía del espectador a punta de cosquillas, demuestra una enorme torpeza en este diálogo, que además sale en el trailer:
—Buenas noches, ¿uno solo?
—Veo que sos buena para las matemáticas [inserte risas de condescendencia aquí].
Asumamos que esa respuesta retrata la grosería del cliente. Sin embargo, lo que ocurre a continuación desvirtúa totalmente este diálogo: el hijo del cliente llega al restaurante. Por la forma en que lo recibe resulta evidente que estaba esperándolo. Así que eran dos. Mesa para dos. La pregunta de la mesera entonces no tenía la intrascendencia que el cliente quiso poner de manifiesto.
Esta es solo una falla puntual al servicio del gigantesco despropósito que motiva el crimen final. La mesera da un parlamento demasiado explicativo para dar a entender que ese cliente es un “hijo de puta”. La cocinera responde y se identifica con este supuesto drama de inmediato. Ni una pregunta. Le basta que la mesera se muestre un poquito alterada por un señor para sugerir un homicidio, que termina cometiendo desde un argumento más bien postizo, o demasiado abstracto para una asesina impulsiva. O quizás el problema es que no tenemos ni una sola pista de las motivaciones de esa mujer para creer que quiera matar a un cliente solo porque inquieta a su compañera de trabajo. El hecho de que haya estado en la cárcel por algún motivo no basta.
3. La historia de los dos conductores es, en medio de este desastre, lo más creíble. El conflicto se establece en una situación creíble y escala más o menos bien. Lo que dice el forense al final, en la escena del crimen, es otra de esas cosquillitas que solo dan rabia.
4. El problema del tipo de las bombas es que es un simple psicópata, que por lo visto tarde o temprano iba a terminar matando a alguien (así como la cocinera de 2). Esta historia es la más ridícula de todas porque pretende ser seria y acusar al “sistema” de injusticias más bien triviales. Cuando la gente se reía o aplaudía esto en el teatro me parecía que eran personas que creían que estaba bien cometer atentados terroristas por simple desquite contra la burocracia de las multas. La escena final de esta historia es absurda, patética, mal hecha, horrible, ridícula: el pináculo de la payasada y el momento en el que me di cuenta de que esta película era decididamente mala. La tensión establecida entre los personajes se va al diablo: la esposa, que se quería divorciar, termina llevándole torta de cumpleaños al tipo ¡en la cárcel! Y a medida que ella avanza en la sala de visitas o el comedor o lo que sea, los otros prisioneros vitorean y aplauden. Incluso los policías aplauden, y la hija —una niña como de doce años— va en medio de esto. Todos celebran y ensalzan a “Bombita”, quien aparece perturbadoramente feliz.
5. Oh, luego viene una historia de una tremenda atrocidad contra lo que este director debe considerar “gente inferior”. Un niño rico atropella a una embarazada (tenía que serlo para darle trascendencia al asunto, supongo) y se escapa. El padre, para evitarle el problema a la criatura, le sugiere al cuidador de su flamante mansión que se eche la culpa a cambio de un montón de plata. El protagonista debería ser el niño rico, pero no: el director decide prestarle atención al padre solo para hacer ver mal al sistema judicial y poner de relieve la codicia de los abogados.
Yo creo que alguien le dijo esto al director:
—Dale, la película se llama Relatos salvajes. Algo salvaje tiene que pasar.
—Ya sé. Hagamos que maten al cuidador en una escena rápida al final.
Sin embargo, pierden de vista que lo más salvaje es la visión utilitaria y denigrante que se hace sobre ese cuidador, quien accede porque de otro modo no habría historia.
Concedamos que hay un punto en el que el padre se da cuenta de que el hijo tiene que asumir la responsabilidad de sus actos, pero lo hace más por frustración con los que lo chantajean que por una base moral. La escena en la que el niño rico dice que se hace cargo del asunto parece sacada de una comedia.
Dirán que hay gente así, que piensa en sus empleados de esa forma, y sí, ¿pero es necesario hacer que la charada esa les salga bien y encima que el pobre cuidador se muera? ¿Eso no es como validar ese tipo de comportamiento? Y además, si no fuera por un botellazo o lo que sea que le sacan de la nada, ¿qué pitos toca esa historia en el contexto propuesto?
6. Ya se termina, gracias a Dios. La última historia parece irse al diablo solo por darle lugar al despliegue cómico de la actriz Érica Rivas. Esta señora actuó en la versión argentina de Married… with children y tuvo reconocimiento por su papel de Marcy (María Elena en la adaptación). En esta ocasión me parece que ella solo interpretó el mismo papel, pero dándoles rienda suelta a sus compulsiones violentas. La escena del techo del edificio involucra a un personaje traído de los pelos, y en el vodevil de histeria y arrebatos en el que consiste el matrimonio los personajes son simples invitados de cartón que reaccionan a conveniencia del director y de su manía de sacarle risas al público. Aquí sí que hace eso.
Ahora bien, esa última historia me hizo dudar sobre las pretensiones de este director, porque lo que al principio parecía moverse sobre cierta sobriedad termina derrapando en una pareja de novios que tienen sexo encima de un ponqué, por una salida más graciosa que trágica. Intuyo que ni él mismo lo sabe, o habrá pretendido hacer una cosa cómica con unas historias y otra en serio con otras, pero eso ni siquiera deja que uno tome una posición frente a la violencia que mueve a los personajes, que parece tan gratuita como exagerada y que creo que pierde al público incauto, porque este termina riéndose de cosas muy graves o pierde de vista las cosas pesadas que ponen en juego los personajes en sus arranques de locura. Lo que se presenta como una locura momentánea parece más bien una locura latente a la que la gente —al menos los que estaban ahí en la sala conmigo— responde con un agrado espantoso. Es como si estas personas complacieran una morbosa fantasía en la pantalla. Estoy seguro de que aquellos que la defienden validan en cierto grado alguna de las formas de violencia y crimen planteados, y eso habla más de ellos que del supuesto talento de un director de cine.
viernes, 15 de agosto de 2014
La palabra del mudo
Quienes me conocen saben el cariño especial que tengo por
Julio Ramón Ribeyo, también saben que he buscado por años su obra,
especialmente la palabra del mudo (cuentos completos) y la tentación del
fracaso (parte de sus diarios). Una búsqueda
Ardua en Colombia, pero casi sin sentido en Argentina donde no se publicó prácticamente
nada suyo y donde es un completo desconocido.
En mi paso por Perú logré hacerme con dos de sus novelas: Los
geniecillos dominicales y crónica de san Gabriel, pero de sus obras mayores tan
solo una pequeña edición pirata llamada la palabra del mudo, un librito rojo
con unas extrañas caras superpuestas dentro de girasoles. En su interior
tiene errores tipográficos en abundancia y solo unos veinte cuentos de Ribeyro,
cada uno acompañado con una de sus frases célebres. Libro que para mí tiene una
gran carga de afecto por lo que significó su búsqueda y su encuentro.
Hace unos meses estuvo la posibilidad de conseguir la palabra
del mudo en Colombia, en la feria del libro, pero por falta de seriedad de las
personas que podían ayudarme y por supuesto por la distancia todo se vino
abajo. También estuve a punto de quedarme con la tentación del fracaso en Lima,
pero problemas de distancia y de cambio de monedas lo impidieron de nuevo.
Cuando mis esperanzas habían vuelto a quedar flotando, apareció en internet una publicación
de la palabra del mudo, editado en España en dos mil diez. No lo pensé
demasiado, me aventuré hasta la librería en pleno centro de Buenos Aires y pude
hacerme con el libro. La alegría fue inmediata, me cambió la cara amarga y una
semana dura, por párrafos de felicidad y una enorme sonrisa. Contar con los
cuentos de Ribeyro es contar con parte de su amistad y de su agradable compañía.
Ahora solo queda ponerme al día, habitando esos mundos que le heredó a la
humanidad.
viernes, 11 de julio de 2014
Octubre 10 de 2013
Hoy llegó N. a la clase, tan
primorosa y tan radiante como siempre aparece ante mis ojos. Tenía el pelo
mojado. Sus curvas me provocan en esa forma lasciva que despierta mi parte
animal, y su rostro entusiasma mis idealizaciones y fantasías románticas. Esta
combinación tan perfecta, tan justa en su medida, que pocas mujeres alcanzan…
me vuelve loco, me subyuga, en particular cuando se contrasta con mi
incapacidad.
No había mucha gente. De los
siete alumnos, solo dos —ella y yo— éramos de la carrera; los demás tomaban el
curso como estudiantes externos. Probablemente esto fue el sustento de la
complicidad que hoy me mostró con más énfasis que antes. Yo le señalé unas
hojas rosadas en las que ella había imprimido un archivo. La verdad es que yo
también estaba en un ánimo raro, más aventurado de lo normal.
Como siempre, llegó un momento en
el que la profesora nos puso a hacer un trabajo idiota sobre una entrevista. A
mí no me interesaba en absoluto, y de hecho estaba leyendo otra cosa en mi
celular, hasta que la profesora hizo un comentario al respecto. Yo no tenía la
entrevista a mano.
—Dale, Jeremías, vení —me dijo
N., que ya estaba asociada con otra compañera.
Variedades:
Cítricos,
Diario de un incorregible
lunes, 21 de abril de 2014
Sobre el futbol
El futbol siempre significó muy
poco para mí, lo practiqué de niño en la carretera frente a mi casa, junto a
mis amigos del barrio, y en ese entonces un par de piedras que marcaban los
arcos y un balón eran suficientes para compartir alegrías que para mí no
pasaban por hacer goles o jugadas; sino por el hecho de jugar y compartir con
ellos. En el colegio lo practiqué poco, solo cuando no había opción de ir al
club de ajedrez o cuando a falta de jugadores tenía que llenar el hueco
faltante para el equipo. No lo jugué más porque no soy bueno, pero
principalmente porque no me apasiona, no mueve en mi ninguna fibra que me conecte
con el alma.
Por otro lado, verlo me
interesó un poco más, cuando me despertaba los sábados a la mañana encendía el
televisor y veía fragmentos de los partidos de la Premiere League de
Inglaterra. Había (aún hay) muchas emociones y estrategias que me gustaba
observar incluso sin tener gran idea de los equipos que jugaban. Con el tiempo,
se volvió para mí un hábito alternar los partidos de la premiere con las
carreras de la fórmula uno. Fue tanto el interés que terminé por aseverar que
era fanático del Manchester United. Sin embargo, con el paso de los años esto
se fue disipando mientras iba explorando mi verdadera pasión deportiva, el
tenis. Durante muchos años el futbol desapareció de mi vida y me volqué a las
canchas de tenis donde me siento realmente feliz.
Aquí en Buenos Aires, desde un
tiempo para atrás ha vuelto el futbol a mi vida. Sin darme cuenta del todo me
descubría viendo futbol a granel: Champions League, premier League,
Sudamericana, Libertadores. Solo hace poco empecé a pensar en esa conducta como
un síntoma, el futbol es tan universal que siempre que prendo el televisor me
puedo ocupar en ver algún partido. Pero ¿por qué querría yo ocupar mí tiempo
con futbol? Porque este me permite huir, no hacerme cargo de mismo, no puede
ser con tenis u otra de mis pasiones porque no son tan masivas y fáciles de
conseguir como el futbol. Aún sigo viendo futbol pero no con esa capacidad
enorme que lo hacía unos meses antes, pero ahora sé que tengo que dejar un
nuevo escape y seguir bajando a las profundidades de lo que sea que consume mis
energías y que dejan a mi alma en la más absurda y desalentadora oscuridad.
Variedades:
Divagaciones,
Frutos Rojos
viernes, 11 de abril de 2014
Por qué no estoy escribiendo
Debería revisar mi motivación.
Todo partía de la sensación de extrañeza, de mi soledad, de mi insatisfecha
necesidad de amor. Todo partía de la frágil visión que tenía de mí mismo, de
verme como un ser debilucho e inútil. Trataba de compensar todo eso con algo de
magia y de fe. Aspiraba de una forma casi religiosa a algo que me salvara o me
redimiera, que limpiara el pecado de mi cobardía. Así que escribía. Ahora no
puedo. Todo lo que hago me sabe a raro, a metálico. El fuego eterno se apagó:
el hambre, las ganas de ir adelante, contra todo y con todo. Mi rebeldía, mi
mal genio, mi impotencia como hombre y la enorme ausencia de mi madre me
impulsaban. Todas esas cosas siguen ahí, pero ahora parecen hechas ceniza.
Antes eran fuego, vida. Ahora se han secado y se han convertido en una costra
de resignación, y quizás de algo de resentimiento.
Lo que sé es que detrás de todo
eso lo principal era mi búsqueda de amor. El amor fue el que me hizo empezar a
escribir, el amor fue el que me mantuvo despierto muchas noches. La posibilidad
de amor fue la que me hizo querer dar pelea. Pero el tiempo ya ha pasado. Lo
digo como un anciano, y probablemente en cierto modo lo sea, porque presiento
que tengo la muerte cerca. ¿No podría entonces ser esa una especie de madurez,
de revelación? ¿No podrá ser esta voz de anciano la de alguien que empieza a
revisar su existencia antes de dejarla? No digo que me vaya a autodestruir
porque ya crucé ese límite. Debo reconocer que la ilusión de escribir y la del
amor —la del amor que aún creía poder conseguir una vez me redimiera— me salvaron.
Creía que escribir me permitiría alcanzar el amor, y de hecho fue así. Sentí el
amor del mundo, el amor superior, el amor fraterno, pero del amor visceral, el
amor de carne, de cuerpo, de mujer, de ser humano, me resultó tan esquivo que
llegué a concluir que me está prohibido. Deberían bastarme las otras formas de
amor, más espirituales y perfectas, pero tengo un cuerpo humano, así que no.
De manera que todo es una
justificación de eso, de por qué el amor puede serle prohibido a alguien. De
cómo una naturaleza inclinada a lo oscuro, a la tristeza y al dolor mancha y
anula cualquier necesidad de luz. De cómo no hay salvación. De cómo la fe no
basta. De cómo no hay cura. De cómo se vive como un alma condenada. Eso creo:
hay almas que tienen que pagar una condena, porque se hizo algo malo antes.
Esas almas vuelven a cumplir un ciclo en esta vida, pero cargan con un castigo,
con una seña. Creo que mi alma es una de ellas. La sangre teñida de negro es la
materialización de eso en Adaleón.
He ahí el problema: que dejé de
creer en la salvación, mis esperanzas se están apagando. ¿Entonces qué sentido
tiene llevar a Adaleón a otra revelación tan triste como la que yo estoy
teniendo? Sería fracasar doblemente. Podría decirse entonces que la literatura
es el camino, que ella me ofrece esa posibilidad, que si yo no pude en mi vida,
Adaleón sí. Pero es muy difícil escribir sin fe y sin amor, sin fuego eterno.
Es muy difícil sin convencimiento. Es muy difícil cuando ya no se ve ninguna salvación
en el mundo real. Me estoy resignando poco a poco a esperar mi momento, el fin
de mi condena. Trataré de no hacer daño, de no destruir nada, mientras espero
tranquilamente mi libertad. Podría construir tal vez, escribir esa gran novela
que todos dicen ver, pero la verdad es que estoy muy desilusionado y no veo de
qué pueda servir, si eso no embellecerá ni salvará a nadie.
lunes, 7 de abril de 2014
Sobre algunos jugadores de Arsenal
El domingo Arsenal jugó contra
Everton a las 9:30 de la mañana de Argentina. Ese mismo domingo me fui a dormir
a las seis y media de la mañana. Programé la alarma para tres horas después,
pero no sé si sonó o no. Seguí derecho hasta mediodía. Mi cuerpo y mi mente han
asumido del todo que debo dejar atrás a Arsenal. Mi corazón… todavía se mueve
un poco cuando lo mencionan, cuando pasa algo relacionado con el equipo, cuando
sé que va a jugar, pero decidí anular ese impulso por razones que no explicaré
ahora.
lunes, 24 de febrero de 2014
Kitchen
Me alegra no haber conocido a Banana Yoshimoto por medio de
su primera novela, o nouvelle, Kitchen. Esta obra es la más nombrada de la
autora y a mi parecer la menos entretenida. Por supuesto que tiene su magia,
que ya permite ver algunos vestigios de la literatura de esta escritora
japonesa. Pero a mí me parecer está aún verde, y es normal, es su primera
novela. Creo que lo que se evidencia en Kitchen es una excesiva atención en la
aventura física del personaje que hace que se siga obsesivamente una ruta
lineal que termina por descuidar los elementos y personajes mágicos que la
novela fue creando.
No digo que la novela sea mala, porque no lo es, de hecho
disfruté mucho de su lectura, más allá de que me encontré con algunos elementos
que no sé, si por descuido de la autora, o por problemas de la traducción
lograban sacarme de la historia narrada por Mikage.
La novela empieza bastante bien, quizás demasiado bien y eso
es lo que termina afectando el texto, que no logra mantener la promesa de gran
libro de su inicio: “Creo que la cocina
es el lugar del mundo que más me gusta. En la cocina, no importa de quién ni
como sea, o en cualquier sitio donde se haga comida, no sufro. Si es posible,
prefiero que sea funcional y que esté muy usada. Con los trapos secos y limpios
y los azulejos blancos y brillantes”.
Mientras escribo esto se me ocurre que quizás una de las
cosas que más me molesta es el título, porque promete una aventura ligada a la
cocina como espacio mucho más profundo de lo que termina siendo. Por supuesto
que la autora no se olvida de la importancia de la cocina en el relato, y que
lo usa lo más que puede dentro de su obra, pero pocas de sus escenas logran
sostener esa relación espiritual que hay en la primera parte del libro con la
cocina. La impresión que me queda a mí, es que la escritora se enamoró de ese
primera página que escribió y no quiso modificarla al final, pese a haber
escrito una novela, que como es normal en literatura, fluctuó hacia otros lados.
Cuando digo al principio que me alegra no haber conocido a
Banana con esta novela, lo hago con alivio y con mucho respeto, Banana
Yoshimoto es mi escritora fetiche, leo todo lo que encuentro de ella. Realmente
me gusta habitar sus mundos, conocer a sus personajes. Y creo que todo esto no
hubiese pasado si mi primer contacto hubiese sido Kitchen. El libro, que está “dividido”
de forma extraña, presenta tres partes, Kitchen propiamente dicho y Luna llena
que corresponden a la historia de Mikage
Sakurai. Por otro lado, cuando parece que vamos a leer la última parte de la
novela aparece un tercer subtitulo llamado MoonLight Shadow que para mi
sorpresa mayor corresponde a un cuento aparte, sin relación aparente con
Kitchen. Si, sin un final tan claro, Kitchen se acabó y empezó esta otra
historia, por cierto, la más hermosa del libro.
En esta Satsuki se ve enfrentada a la perdida de su
novio Hitoshi. Durante esta fantástica historia nos vemos acompañados no solo
de unos personajes hermosamente logrados como en Kitchen sino de una trama y un
manejo del ambiente perfecto , lo que le da al cuento una altura, profundidad y
a mi gusto, religiosidad que te atrapan de forma maravillosa y que no consigue
Kitchen.
No sé porque aparece este cuento allí, como un sobrante, al
final. Pero hay que agradecerlo porque es un cuento hermoso que poco tiene que
ver con las cocinas, pero si mucho con la muerte y sus ecos, al igual
que Kitchen.
lunes, 27 de enero de 2014
Viernes 24 de enero de 2014
Hoy, después de casi dos meses,
me sentí de nuevo un ser humano. Sí, un ser
humano. Y es que he descubierto que cosas tan simples como ponerme un pantalón largo,
una camisa y medias me hacen sentir vivo y cómodo.
En Buenos Aires estamos pasando
por una de las oleadas de calor más fuertes de toda la historia y he tenido que
llegar al punto de usar shorts, bermudas y hasta chancletas para poder
medianamente darle la cara al mundo. Viviendo esa incomodidad por tantos meses
fue un alivio que hoy pudiera simplemente vestirme, salir a caminar y sentirme
vivo, sentirme humano.
Disfrutaré este fin de semana
de tregua porque la otra semana se viene de nuevo el calor y tendré que volver
a las incomodas andanzas que me alejan de mi confort y humanidad pero me
permiten sobrevivir ante la fuerza del clima que me pone a soñar día tras día
con la llegada, aún lejana, del invierno.
Variedades:
Divagaciones,
Frutos Rojos
sábado, 25 de enero de 2014
Enero 25
- Me acabo de dar cuenta de que
la razón por la que no estoy escribiendo bien es que estoy demasiado encerrado.
Si bien detesto hablar con otro ser humano que apenas conozco, si bien
cualquier cosa me molesta de cualquier persona, necesito estar entre seres
humanos funcionales, que tienen pareja y trabajo y casa y quizás hijos y hasta
un perro. Necesito rodearme de eso que me resulta tan ajeno e inalcanzable,
sintiéndome como un intruso, como un vigilante, como un fantasma que registra.
Yo no soy más que eso. De eso se trata lo que escribo y quizás esa es mi forma
personal de absorber energía: capturando a los demás —antes dibujándolos, hoy
escribiéndolos—, robándoles partes para mis propias creaciones. En estos
últimos días he acentuado demasiado mi encierro.
A propósito de eso, también sé
que Argentina es mi cueva, que este es el lugar al que vine para hacer cosas
que nadie sepa y sin que me vean ni midan el paso del tiempo en mi cuerpo o en
mi rostro. Argentina es el refugio al que escapé, en el que me aislé del que
todavía considero mi mundo real. El de Argentina es un estado mental y
espiritual, un retiro, quizás un largo viaje a bordo de una novela frágil que
hace agua en cada tormenta.
Lo que yo soy acá no es el Capablanca de verdad, pero sin
duda, cuando vuelva a la realidad, cuando despierte de este profundo coma,
quedaré marcado por el álter ego con
el que me muevo actualmente. Probablemente hable distinto, probablemente mire
de forma distinta, probablemente me sientas distinto, probablemente huela y me
mueva de otra forma (¿más ligera? ¿Más pesada?), y es probable que esas
secuelas no te gusten.
Variedades:
Cítricos,
Diario de un incorregible
miércoles, 22 de enero de 2014
Una carta de amor para un concurso de hace años
Sobre esta carta cuento que la escribí en el 2008 para un concurso de epístolas que la tertulia Liberatura hace anualmente, el cual gané (creo que me dieron 8 mil pesos, mil por cada participante inscrito), y que iba dirigida a alguien que me gustaba mucho en ese entonces (y aun ahora, aunque de forma diferente). Seis años después la releo y la encuentro empalagosa, saturada de barroquismos, un poco lastimera. Pero no me disgustó nada de esto. Incluso me divertí en la relectura y me reí un poco de ese Alfonso que, además de intentar sacarse un diablo de la cabeza, quería ganarse unos pesos para la cerveza (o para comer alguna arepa rellena o empanadas; me inclino más por la opción alimentaria), bajo un seudónimo que saqué de una página que aparentemente arrojaba el equivalente de mi nombre en idioma élfico: Lólindir Elanessë.
Realmente no tengo muy claro qué busco al publicar esta carta. Pienso en las razones y se me ocurren varias, sin que ninguna me convenza a pleno. Quizás al publicar esto aquí sienta que existe la posibilidad de que la mujer a quien iba dirigida la carta desde un principio la lea, así jamás llegue a saber que es ella la destinataria. Puede ser que solo quiera compartir algo aquí y sacar un poco del abandono este blog, o más bien sacarlo de mi abandono, que quiero asumir esta vez como una falta; así que, para reactivar esto con celeridad y al no haber escrito algo nuevo últimamente, recurro de nuevo a textos viejos pero "inéditos". O tal vez quiera llamar la atención, como es usual, e incluso ir más allá y esperar puerilmente que cualquier otra chica lea la carta, se conmueva con sus letras y me ofrezca salir con ella y quiera ser la musa de nuevas y más excitantes cartas...
-Bueno, ya, contrólese, que se le notan demasiado las ansias. Compórtese, carajo, o lo hago comportar yo, descarao.
Bueno, me controlo, aunque no entiendo por qué cree que puede amenazarme. Contrólese usted, también.
-Está bien, está bien, también me calmo. Pero por favor, deje la majadería.
Ah, ya comenzó de nuevo... mejor hablamos luego.
Pueden ser todas las razones o ninguna de ellas. Lo cierto es que está el deseo de hacer pública la carta. Y como suele pasarme con ciertas ideas persistentes que me llegan de repente, ese deseo me picaría en la mente con fuerza si hiciera caso omiso o no atendiera oportunamente a su llamado. Dejo entonces la carta, sin ediciones ni modificaciones, y no molesto más la vida por hoy, esperando de verdad molestarla en breve y poder así decir que volví a este espacio.
P.D.: Originalmente, la carta que entregué estaba en físico, por lo que habrán referencias a la hoja de papel que ya no aplican al presentarla en este formato. Espero sepan comprender....
miércoles, 8 de enero de 2014
8 de Enero de 2014
Busco razones para seguir escribiendo una novela que hace meses dejé de escribir. Busco y busco (en verdad que busco) pero entre más lo hago, más lejano me siento de todo. Como si encontrarle algún tipo de sentido a esta novela pudiera poner en peligro mi existencia(o quizás mi salud).
A veces pienso que esta búsqueda no es más que un alargamiento de mi huida, porque eso si lo tengo claro, estoy huyendo de todo, una buena excusa para seguir perdido, anestesiado en la nada; como estos años de exilio dentro de mi mismo. Porque el lugar donde menos estoy es en Argentina, aunque el afuera intente demostrarme lo contrario. Yo lo sé; sigo atrapado en un lugar sin nombre y sin salida.
Variedades:
Divagaciones,
Frutos Rojos
viernes, 13 de diciembre de 2013
Pensamientos flojos VIII
(Los siguientes son algunos pensamientos flojos escritos en momentos diferentes, y que por desgracia no están fechados en forma individual. Fiel a la serie, son flojos y, en algunos casos, sin editar. Y que publico porque sí... incluso con las notas que suelo ponerme a mí mismo cuando dejo un texto a medias. O no tanto porque sí, sino porque más adelante quiero revisar qué era lo que a veces pasaba por mi cabeza antes de publicar algo. Como una oportunidad de ver los pentimentos... bueno, eso suena pretencioso, lo admito. Y se que la cosa se agrava cuando, al ponerme a analizar bien, caigo en la cuenta que, igual, publico borradores de ideas con la cara lavada y unos cuantos acicalamientos. De todos modos quiero hacerlo, tener el registro publicado de una entrada en su versión cero, antes de entrar en la tan sobrevalorada versión uno.
O bueno, yo no se... de pronto me estoy dando mucho palo con esto. Qué importa que estos sean borradores. Mi idea con este blog nunca fue realmente literaria en un sentido estricto, si bien trato a menudo de reflexionar sobre ciertas situaciones con un mínimo de seriedad en publicaciones que, espero que en la mayoría de casos, me sirvan como base, como germen, como semilla para futuros escritos más pensados y más luminosos, si se puede.
Dejo entonces estos pensamientos flojos e incompletos. Ya veré después qué me digo acerca de esto.)
Variedades:
Duraznos,
Duraznos en partes,
Por joder nomás
Suscribirse a:
Entradas (Atom)