sábado, 6 de abril de 2013

A quién no la podrá leer

La vida siempre se había encargado de ponernos de alguna forma cerca del otro, no a nuestros cuerpos, hablo de nuestras almas, aunque hoy ya no creas en ella. Es eso, has cambiado, te has dado a la tarea de ser feliz, de acomodarte, de hallar tu punto de equilibrio en otra parte. Y haces bien, tu sabes lo que pienso, nadie más sabe lo que yo sé, lo mereces, en verdad lo mereces. 


Lo que pasa es que no quieres ver que yo sigo flotando en tu alma, aunque me hayas puesto en otra parte. Aunque trates de escuchar solo a tu futuro inmediato, a tu felicidad inmediata (que es de lo único que hablas últimamente) yo sigo incomodando a tu pecho, a tu estómago, con esa sensación de vacío, con esa sensación de que siempre te hace falta algo. 



Porque yo sé que me piensas cuando estás a solas, aún te escucho suplicar en las noches cuando él a tu lado yace tendido, veo como envidias su rostro sereno, su facilidad para conciliar el sueño que a tí hace rato te abandonó. No ves que tu alma se ha ido a otra parte, así como tu vida y la mía, te has convertido en un cuerpo que deambula por las calles, y la vida, la vida ya no está más de nuestro lado. 

miércoles, 3 de abril de 2013

Cosas que he hecho I

Primero pensé en llamarlos Aparatos. Pero esto no concuerda con la definición que encontré luego, Instrumento o mecanismo que tiene una función determinada. Luego pensé en llamarles Objetos, pero tampoco me gusta mucho ese nombre, es muy amplio y quizá muy vago, ambiguo, inadecuado. Entonces no sabía cómo llamar a estas cosas que he hecho a lo largo de los años. Por eso decidí que por ahora las llamaré cosas que he hecho. Y aunque tampoco me gusta mucho, qué diablos... por ahora voy a denominarlos así. No es que no me importe; la cosa es que llegué a la conclusión de que cuando tenga varias descripciones, quizá se me ocurra algo mejor. Y si no, bueno, ya me inventaré alguna otra “cosa” que me ayude a encontrar un nombre más adecuado, ja.

En esta entrada van las primeros dos cosas, al menos las primeras que recuerdo haber hecho. Luego irán otras, las que logre desenterrar de mi cabeza y las que he hecho recientemente. Y luego, si las ganas me alcanzan, un balance o unas impresiones sobre lo que para mí tales cosas han significado.

lunes, 1 de abril de 2013

Por qué vuelvo a publicar


Haré un balance de lo que pasó.

Desde cierto evento que prefiero guardarme me di cuenta de que algo estaba roto, de que había una base quebrada en el aparente balance de mi existencia. Si bien estoy tranquilo financieramente después de mucho tiempo y si bien tenía una especie de equilibrio emocional, pude sentir a partir de ese evento que algo andaba mal.

Dejé pasar ese evento, pero no sin consecuencias. Poco a poco esa pequeña mancha fue esparciéndose por el manto blanco y planchado de mi vida actual. Empecé a sentirme disgustado con todos y, por ende, conmigo mismo. Muchos pueden ver que me peleo fácil, que soy un salvaje impulsivo y que no me importa mandar a la mierda o incluso herir los sentimientos de una persona en uno de mis arranques de misantropía y decepción. Lo que no se sabe es que esas arremetidas ganan mayor virulencia en mi contra. Después de darles con un palo a todos yo me doy con un cuchillo, sobre todo al ver las consecuencias de mis actos.

De manera que fui al taller de Pablo y leí un capítulo, con el que me fue mal. Volví a sentirme desorientado y atascado en una escena puntual. Estaba entusiasmado con ese capítulo (aunque todo el mundo siempre está entusiasmado con lo que lleva y yo ya debería estar bien curtido en eso). Después del desangre me di cuenta de que todo iba mal, de que todo estaba mal puesto, y entonces me pareció que el mundo real estaba mostrándome otra vez sus colmillos.

Dos días después, el jueves, tuve que leer el texto que había hecho para una clase de Expresión escrita. En ese momento pasó algo:

Entonces arremetí, con el cuero duro, después de la mierda del taller de esta semana. Leí con fuerza, templado, acostumbrado al escrutinio. Pude sentir toda la atención concentrada, todos escuchando, conectándose, la devastación, el huracán de mis letras. 
Cuando terminé sentí ese Uf de los demás, el que siempre anuncia que lo que hice llegó al alma.

Deduje que no podía dejar de escribir y privarme de esos pequeños momentos gloriosos.

En general pasaron otras cosas pero lo que viene al caso es eso de escribir. Me di cuenta de que sea para el público que sea, o aunque no sea para ningún público y me ignoren, me resulta necesario y casi sano escribir esto. Ahora bien, cabe considerar por qué decido retomar las publicaciones…

Escribo esto después de hablar con Alfonso, y me di cuenta de que hay un nivel de comunicación que va más allá de nuestras charlas y experiencias: el de lo que escribo y pongo acá (o antes en mi Facebook). En ese nivel hay mucha más sinceridad que en mi comportamiento corriente, el cual no es mentiroso tanto como cerrado, introvertido. En cambio, el rastro que voy dejando con lo que escribo les permite (a Alfonso y a Carlos) conocerme y entenderme en una medida que no pueden dar mis palabras habladas. De eso se trata escribir, al menos para mí: darme una dimensión más comprensible y franca. Así que, como una cosa de los tres, seguiré escribiendo y publicando acá, sin cuidado de la atención o importancia que pueda tener en otros ámbitos o lectores. Los que me importan son ellos dos, los fundadores de este blog.

Cuando pierdo el balance todo me parece una mierda almibarada e insoportable. No me aguanto los buenos deseos ni las felicitaciones ni los arrumacos entre otras personas. Quizás porque precisamente es lo que más anhelo y no recibo. Por eso necesito distanciarme, porque el disgusto va fermentándose dentro de mí, burbujea y después hace erupción. Entonces eventualmente la explosión le quema la cara a cosas que no se lo merecen, como este blog, o a personas desprevenidas. Si me aíslo y controlo la explosión, no corro el riesgo de hacer estupideces, aunque aún no tengo buena práctica en eso. Una vez, una explosión me hizo perder a alguien; otra, me gané un disgusto con mis primos que duró unos cuantos años. Así soy.

sábado, 30 de marzo de 2013

Sobre Vikingland



Hace unos días fui a ver una película muy particular, una película que como su propio director afirma no sé puede comparar con ninguna otra, su nombre es Vikingland. Se trata de un largometraje resultante de la revisión de veinte horas de grabación hechas por el marinero Luis Lomba y algunos de los tripulantes de un barco que transita por aguas congeladas entre Alemania y Dinamarca y que por largos periodos de la cinta creemos imaginar.

Dentro de la tripulación se encuentra el padre de Xurxo Gonzales, director de la película. Es por este camino que las cintas de VHS llegan a manos de Gonzales, que como él mismo afirma fueron salvadas del polvo y el olvido (La cintas fueron grabadas entre1993-1994).  

Gonzales decidió no agregar entrevistas a los participantes de aquel viaje, descubrió que el material se bastaba a sí mismo, en lo cual coincido plenamente. Sin embargo, esto lo hace en muchos momentos repetitivo y difícil de digerir; lo que lo hace exclusivo para personas con mucha paciencia y mente abierta. El director apunta a la construcción activa de la película por parte del espectador, a una transposición fantasmal de Moby Dick que parece asomarse a medida que se sigue el andar del barco y su tripulación por las aguas de la vida; La película apunta a encontrar en lo más cotidiano el valor único de cada momento.

Esto no quiere decir que Vikingland carezca de dinamismo y de escenas épicas como la cena de navidad y los constantes encuentros de Luis consigo mismo frente a la cámara.  Su naturalidad, su particular forma de asumir las cosas hacen de estos momentos un encuentro del espectador con su nada, con su intimidad en el instante mismo en que las luces del mundo se apagan y quedamos expuestos a lo que solo somos frente a nosotros mismos.

No debemos olvidar que las cintas inician siendo una forma de acercarse a su familia (iban siendo enviadas a su casa),  pero con el paso de los días la cámara se va volviendo una extensión del alma de Luis, una testigo de los miedos y vacíos de una tripulación de inmigrantes espectrales que por momentos desea perderse para siempre en las aguas del olvido. Creo que de ahí deriva las citas de Melville que usa Gonzales al inicio de la película  “A nosotros nos dieron por perdidos”. “El tiempo y el mar son infinitos”.

Yo sé lo que cuesta ver la película, también en algunos momentos pensé en saltar de la silla y arrancarme los pelos, pero encuentro en esas imágenes fantasmales algo luminoso, difícil de digerir la mayor parte del tiempo, adornado con matices y emociones que la hacen digna de ser vista.  Me parece que la película no es más que un viaje tortuoso en busca de una ballena esquiva, un viaje sin respuesta hacia lo que con plena hipocresía llamamos vida.

viernes, 29 de marzo de 2013

Retrato



Nuestro amigo Porni.

domingo, 24 de marzo de 2013

Ejército del Silencio


El siguiente texto fue escrito en un aparato que creé hace ya un buen tiempo llamado El Jardín Zen de las Palabras. creo que ya he mencionado lo del Jardín antes, pero nunca lo expliqué. lamento decir que por ahora tampoco lo voy a hacer. No tengo mucho tiempo, y a algo como a mi Jardín quiero dedicarle un buen espacio aquí. Sin embargo releí hace poco un texto que había aislado de aquel aparato con el que quería trabajar con más detalle, y es el que a continuación comparto. Es apenas un esbozo... bueno, casi todo lo que publico aquí es un esbozo, o digamos que un borrador, que subo al blog porque quiero decir cosas sin mucha edición, por vanidad de ver mis palabras publicadas en un espacio que nadie lee, o quizá porque sí, por algo que no se definir ahora; digamos que puede o no ser un error o un gesto irresponsable, pero de todos modos siempre está la posibilidad de retomar un texto y hacer de él muchas otras cosas más concretas, más trabajadas. Con esa idea en mente es que creé el Jardín... pero eso lo explicaré luego. Si alguien quiere hacer comentarios sobre el siguiente texto o sobre la idea que en ella reside, que no se aguante las ganas o que no se deje dominar por la pereza: el gesto será bien agradecido.

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17/12/2012 

Tomado de http://media.dcentertainment.com/sites/default/files/book-covers/8911_400x600.jpg


Hace días comencé a leer un cómic muy interesante llamado DMZ, que trata acerca de un hipotético (aunque muy posible) escenario de guerra civil gringa en pleno siglo XXI. No me voy a explayar contando de qué mas trata (si apenas mencioné de que trataba es solo para que me sirva como refrescador en un futuro). Llegados a un punto, los creadores dedicaron un par de números a una masacre ocurrida en esa ficción, a la que llamaron día 204. Durante ese día 198 manifestantes pacíficos fueron asesinados a bala por un grupo de soldados bastante estresados, en circunstancias caóticas. Es uno de los temas delicados de la DMZ, y uno de los que más llamó mi atención. Hay algunos trazos de lo que sucedió, pero no queda muy claro quiénes eran esos manifestantes pacíficos, ni por qué portaban todos capas blancas cubriendo sus cabezas ni anteojos oscuros, ni por qué marchaban todos juntos, en total silencio. El caso es que la idea me impresionó, y me hizo pensar en la posibilidad de que en la vida real se intentara algo parecido. Se me vino a la mente la idea de formar un ejército al que llamaría Ejército del Silencio (EDS), grupo desarmado cuyo propósito sería apoyar a las manifestaciones en contra de injusticias y a favor de cambios positivos para la gente. Comencé a divagar mentalmente sobre esta idea. Imaginé grupos de personas marchando al unísono, pero calmadamente, todos vestidos de blanco, en completo silencio, sin más ruido que el de la marcha, sin palabras ni pancartas, o solo una en la que manifestemos nuestro apoyo a la causa presente. El silencio puede ser algo incómodo, algo inquietante, algo molesto, algo necesario, puede ser muchas cosas. El silencio otorga también. otorga a quien se encuentra en él la capacidad de pensar sobre muchas cosas, activar la mente y ponerla a trabajar. 

En fin… que es algo que quisiera hacer en un futuro… a pesar de que mi inspiración vino de grupo ficticio al que masacraban precisamente por marchar y asustar a un montón de soldados con armas, en medio de la lluvia y el cansancio. Quizá en la vida real un EDS pueda ser confundido con un grupo terrorista o algo así, y sea detenido por la policía en mas de una ocasión. Son detalles que habría que tener en cuenta. A pesar de ello pienso que es algo necesario en toda manifestación, que haya un grupo de personas dispuestas a dedicar más que un minuto de silencio por las personas que perecieron por causas justas, que incomode a la gente a través del elemento al que más le huyen y al que intentan tapar con el ruido de la emisora, el televisor y demás aparatejos. Ejército del Silencio. Un ejército que puede comenzar con un individuo en silencio, acompañando las marchas, buscando con su callar ser algún agente de cambio. Sin violencia, sin agresión, sin hostilidad, quizá tan solo buscando generar incomodidad, pero no por que sí, sino por hacer que quien se incomode luego piense y pueda ponerse en una posición en la que más adelante cuestione sus ideas y se plantee otras cosas, y pueda ver qué está bien y qué está mal en su proceder. Es algo que quiero hacer, y que espero tampoco echar en saco roto o más bien saco cerrado, como muchas otras cosas mías…  

jueves, 21 de marzo de 2013

21 de Marzo día de la poesía


Si bien no soy muy fanático de celebrar en días específicos lo que se podría celebrarse todos los días (solo por convicción personal), me uno a celebrar el día de la poesía, porque se lo merece, porque a mi me salvó la vida y siento que debo dejar testimonio de ello, porque la poesía es salvación, es esperanza, es belleza; porque la palabra es un regalo(a veces maldición) del universo exclusivo  para los hombres.

Siempre se ha hablado de la inutilidad de la poesía, y de hecho la tiene para el mundo moderno donde todo se valora desde la productividad, desde ahí tienen razón; la poesía es la más inútil y pobre de todas las artes. Sin embargo, esto no quiere decir que la poesía carezca de utilidad, que no tenga en su haber el pecho de muchas almas que han encontrado el sentido y la belleza, que a veces parece inexistente en el mundo, frente a su mirada: mirada insolente, mirada descarnada, mirada invisible que teje el destino de todos los hombres.

Si, la poesía tiene mala fama, es inútil, en muchos casos difícil y además cursi, evoca tiempos de  viejos de los cuales ya nadie quiere acordarse, nadie en este mundo capitalista quiere salvarse, porque nos han obligado a creer, y lo triste es que nos han obliga y no nos damos cuenta, que la felicidad, que el bienestar, se encuentra en tener plata, en tener una linda casa y llenarla con cosas que son más inútiles que la poesía, que para quién saben cortejarla es la única carta de salvación, la única que te acompaña hasta la muerte, la única que puede acercarnos a nuestros amigos, a los  muertos y a los pájaros; la poesía es la única que puede transformar nuestras almas y hacernos soñar con que un mundo mejor es posible. Pero de eso nadie se da cuenta, porque los poetas son viejos ridículos y borrachos que nadie escucha y menos se explican como publican libros si no tienen lectores y mucho menos  lindos autos de los cuales bajarse a firmar autógrafos en las puertas de los centros comerciales. Si, todos ustedes tienen razón, aun así la poesía y los poetas siguen sosteniendo al mundo en secreto desde pequeñas habitaciones.

Comparto con ustedes uno de esos muros invisibles que solo se divisan desde la profundidad del alma:

Cuando Todos se Vayan
(Jorge Teillier)
Cuando todos se vayan a otros planetas
yo quedaré en la ciudad abandonada
bebiendo un último vaso de cerveza,
y luego volveré al pueblo donde siempre regreso
como el borracho a la taberna
y el niño a cabalgar
en el balancín roto.
Y en el pueblo no tendré nada que hacer,
sino echarme luciérnagas a los bolsillos
o caminar a orillas de rieles oxidados
o sentarme en el roído mostrador de un almacén
para hablar con antiguos compañeros de escuela.
Como una araña que recorre
los mismos hilos de su red
caminaré sin prisa por las calles
invadidas de malezas
mirando los palomares
que se vienen abajo,
hasta llegar a mi casa
donde me encerraré a escuchar
discos de un cantante de 1930
sin cuidarme jamás de mirar
los caminos infinitos
trazados por los cohetes en el espacio.

Marzo 21


- Hoy me sentí solo y desanimado. Quería despertarme temprano y trabajar un rato. Invertí mi tiempo nocturno de ayer, el que normalmente me tomo para escribir y leer, en trabajar. Miré casi tres veces seguidas un largo video de un jugador de Arsenal (el de Jenkinson). Igual escribí un correo, como por desahogo. Lo envié a las cuatro de la mañana.

No me desperté temprano. Como siempre, apagué la alarma y seguí durmiendo. Soñé que combatía contra un enorme oso de peluche que se había vuelto salvaje y destruía la ciudad. Yo era el único que podía combatirlo, y tenía que hacerlo con fuego; debía quemarlo y eso me afectaba mucho.

Desperté a mediodía. De todos modos eso todavía es algo temprano para mí. Revisé mi correo, las noticias, y trabajé un rato. Estoy cerca de terminar un ladrillo sobre hidráulica de puentes. Reconozco que no soy un gran corrector, que he sabido moverme para conseguir trabajos. Siento que al final aflojé con el libro de hidráulica, sobre todo porque me di cuenta de que el tipo solo estaba copiando información de otros textos. Son 900 páginas bien pagadas, desde Colombia, y eso me va a aliviar un buen rato, así que seguí adelante. Hay dos libros más. Necesito ir de frente, encerrarme en mi cuarto y corregir, corregir, corregir, que se me vaya la vida en eso.

Tenía clase a las dos y media. Suspendí el trabajo una hora antes y me fui a bañar. En el bus terminé de hacer una tarea y me puse a leer. El cuento “Muchacha de otra parte”, de Abelardo Castillo, me deprimió. Me hizo recordar a alguien que me dejó sin explicaciones, sin forma de reencontrarla, mendigando por los pocos rastros que me dejó. Esa idea, de abandono y amor fracasado, ya me ha estado siguiendo por un par de semanas. Me siento bien, pero solo, como ausente, como un fantasma que en cualquier momento se va a ir de este mundo y a nadie le va a importar, como un espíritu obligado a vagar hasta que pague una condena. Siento la esperanza o el delirio o no sé qué de que en alguna parte me espera una sonrisa y un cuerpo de mujer, afecto indestructible y cómplice, y que allí todo va a estar bien, pero cada día me convenzo de que ese lugar está en otra parte, en otra dimensión, a la que quizá solo puedo llegar después de muerto.

En el instituto encontré a la profesora de Gramática textual. La saludé y esperé que terminara de charlar con otra profesora, a quien ignoré porque no me agrada. No sé por qué; simplemente me fastidia. Subimos unas escaleras y la profesora me preguntó si había recibido su correo. Le dije que sí y pensé que quizás había debido responderle, agradecerle por tomarse el trabajo de revisar si me habían inscrito bien en las materias.

Entré al mismo salón de clases con ella. Noté que había gente distinta allí. Todas mujeres, pero mujeres diferentes. Me senté y aguanté el intercambio de saludos y bromas entre las alumnas y la profesora, hasta que ella finalmente me dijo: “Vos tenés clase allá”, y señaló el salón de al lado. “Expresión escrita” agregó. Pero mi única clase de la tarde era esa de Gramática, así que bajé a la secretaría y revisé el horario. Mi clase empezaba a las cuatro y diez.

Salí a almorzar. En la fila había una mujer que me recordó a Cecilia, mi muchacha de otra parte; Pangea era su pueblo.

- Las correctoras de la tarde estaban preocupadas porque en la clase de Expresión escrita las habían sentenciado a escribir un cuento. En cierta medida me gusta la idea, pero también sé qué peligroso e inútil es el asunto. Yo estuve tratando de escribir un cuento durante años y el cuero no me da. Me extiendo, sobreexplico, en fin.

- Por la noche tuve otra clase. Descubrí que el taller de Pablo me modifica demasiado.  Después de eso cualquier cosa me parece floja, sin espíritu. En el taller hay demasiada energía, demasiadas apuestas, sangre, fuego y dolor; es a vida o muerte, es exposición plena, es lucha. Un salón de clases ahora me parece estéril. La gente conversa, se ríe, estudia, participa en clase, anota en sus cuadernos, y yo estoy ahí, pasmado, después de haber perdido media alma el día anterior, adolorido, triste. Sé que detrás de todo hay mucha mierda, dolores contenidos, locura, mal olor. También sé que detrás de esa capa maloliente hay perfección, redención y pureza, pero a veces me quedo atrapado en la primera capa, y entonces todo es insoportable y tengo ganas de arremeter contra todos y mancharlos con mi oscuridad.

En medio de la clase alguien dijo algo gracioso y crucé miradas con una de las compañeras, los dos sonreíamos. Estaba a mi lado. Le saqué un parecido a una amiga mía. Una versión mejorada, o empeorada, no sé; el caso es que me llamó la atención. Ah, justo hoy, cuando mi sensibilidad está exacerbada e inclinada hacia un precipicio. Me quedo ahí tan imbécil, tan callado, tan quieto, tan escritor. Miro el cielo —y esto no es un manierismo literario—, la llovizna que me recuerda a Bogotá, y me pregunto qué esperanza me queda, qué puedo hacer yo, que estoy tan roto, tan mal hecho.

Otra idea me ronda: en el taller me dijeron que los únicos momentos en los que funcionan mis escritos es cuando aparece Cecilio, que interactúa con el mundo y se mueve y es más real que yo. Sin Cecilio queda un protagonista cerrado que no se comunica con nadie. Es lo que soy y no puedo salir de eso. Estoy atrapado en mí mismo y creo que ya se me hizo tarde para remediar eso. Ya no hay forma de aprender códigos humanos para entablar conversaciones o hacerse el simpático. Aprendí a quedarme en mi rincón, porque sé que cuando intento salir de eso se me nota el esfuerzo, quedo en ridículo y hasta digo cosas groseras o torpes o estúpidas. Lo único que puedo hacer decentemente —y eso con serias sospechas— es escribir.

- Cosas aparte: la profesora de Taller de corrección (nada que ver con el de literatura) anda saliendo con un cubano después de haberse divorciado. A ella le gusta compartir estas cosas sobre su vida. Creo que a veces dice más de lo que debería. Por ejemplo, hoy dijo que el cubano usaba palabras raras, que el fin de semana le decía “Vírate, vírate” y ella no le entendía. Quería decir “Voltéate, voltéate”. Mi imaginación/percepción se soltó. El cubano debe estarla surtiendo bien.

Una más: me ha caído la conciencia de que escribir esto acá es inútil. Creo que casi cualquier cosa que escriba (acá). No sé a quién le hablo, o si a alguien le importa. Tengo la impresión de que no y de que soy un advenedizo. Espero haberles servido para arrancar de nuevo esta máquina, de la que yo por ahora me bajo. Igual el compromiso que hicimos nunca me lo cumplieron así que eso me tiene sin cuidado. Estoy empezando a sentirme disgustado con todos y con todo y quiero estar solo, no quiero ni hablar. Prefiero seguir guardándome estas cosas escritas para mi intimidad, para que cuando me muera ahí sí se carguen de algo (de mi último envión de energía tal vez) y a mí no me importe el silencio del otro lado. Probablemente estaré demasiado contento en Pangea.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Carl Jenkinson


Para la temporada 2011-2012 Wenger compró a un tal Jenkinson del Charlton Athletic, un equipo de tercera división inglés. ¿Quién diablos era ese fulano? Una baratija, una apuesta mediocre. Jugó sus primeros partidos y se le veía absolutamente limitado técnicamente; no paraba una sola pelota bien. Se podía ver que era bueno para mandar centros, pero nada más. Ya me parecía a mí que era un ejemplo más de la demencia senil de Wenger de estos tiempos.

Este año es uno de los favoritos de la hinchada. Me incluyo entre sus admiradores. Nos ha tapado la boca a todos, y bien que lo hizo. Es hincha de Arsenal; hay una placa por ahí que dice “Hope you´re proud, grandad. Carl Jenkinson”. Potencia física, altura, velocidad, pasión por el club. ¿Qué más se puede pedir?

Hay que tenerle paciencia al video: se tarda en echar sonido y la segunda canción es como dulzona.

OJO al pique tan tremendo del 0:48:


lunes, 18 de marzo de 2013

La cocina como acto sublime


Creo que hay una cosa de la que nunca he escrito, una de las cosas que más me gusta en el mundo, la cocina. No sé a ciencia cierta por qué no toco el tema, ni siquiera con mis amigos más cercanos; a menos que ellos me lo pregunten. Para la mayoría de personas que me conocen, la cocina es una faceta completamente desconocida de mi vida, a pesar de que cocino casi todos los días. En fin, el asunto es que amo la cocina, y con falsa modestia creo que es una de las cosas que mejor sé hacer.

Desde siempre me ha gustado la cocina, la cocina como el acto que trasciende la transformación de los alimentos, la cocina como un rito en donde se respetan tiempos y actos, pero donde prima el plato terminado: su sabor, sus texturas, sus olores como una retribución a los alimentos que hemos usado, a la tierra que no los ha obsequiado. Además en este rito de  trasformación de los alimentos también nos transformamos (el que come y el que cocina) en mayor o menor medida; es por eso que la palabra rito hace su aparición y se incorpora a esta receta de enunciados.

Cuando digo que me gusta la cocina, quiero decir que amo la comida, comida no entendida como función necesaria de nuestro organismo; como el acto mecánico de recargar  el cuerpo llenando la barriga. Amo la comida como un todo de colores, sabores, olores, texturas, amo la cocina hecha con amor, técnica y misterio. Y con misterio no me refiero a ocultar los tiempos (la cocina es un arte de tiempos) ni de ocultar ingredientes, hablo de algo que es inherente a cada uno de los mejores cocineros y que los diferencia más allá de su creatividad y estilo, hablo de algo que los circunda pero que no se ve a simple vista; algo que solo es evidente cuando se los ve trabajando y/o cuando  se prueba sus platos, la magia; ese toque sutil que hace que todas las cosas tengan sentido en el universo.

Con esto no quiero decir que la comida de combate (como cariñosamente la llamo) no tenga su propia magia; llenarme hasta reventar, acompañado de grandes amigos fue una de las actividades que más hice en otros tiempos (Hablo de comer, comer, hasta casi reventar y/o vomitar). Lo que quiero decir es que este tipo de comida obedece a otro tipo de disposiciones, como por ejemplo al apremio del hambre, o la esfera de la compañía o nostalgia: comer mientras se juega videojuegos, o se ve un partido o una película. En este caso la comida cumple una función complementaria y siempre de segundo orden frente al acto de comer por placer.  

La cocina a la que me refiero yo en este post es la que apunta a los sentidos, al alma, a la conquista de los sabores que mueven el universo (esto no excluye que alguien pueda alcanzar el éxtasis en el acto mismo de comer por llenarse) es un acto que puede incluir ascetismo e iluminación, en donde es posible sentir cada uno de los elementos mágicos que la componen. 

Y si alguien cree que estoy exagerando con mis palabras, me adelanto a responder que no, este es mi credo.




domingo, 17 de marzo de 2013

Rojazno Duro

Para esta entrada decidí que voy a escribir cualquier cosa, de cualquier manera. ¿Qué le parece?

- Por mí está bien, pero... ¿qué entiende usted por cualquier cosa? porque la verdad mi impresión es que usted aquí siempre escribe cualquier cosa de cualquier manera. No veo la novedad, solo el anuncio de algo previsible.

Bueno, sí, es cierto eso, pero esta vez es dierente porque realmente pienso escribir cualquier cosa en esta entrada. Y de cualquier manera.

- Está bien, pero insisto en que sería bueno que me explicara qué diferencia hay entre lo que va a hacer ahora y lo que ha hecho siempre... no es mentira cuando le digo que no entiendo qué quiere hacer...

- Déjelo, es otro más de sus delirios... siempre está creyendo que es diferente de los otros y no es más que un repetidor y un calcado...

- Vea, no se meta. Usted no tiene nada que hacer por acá. 

- ...bueno, está bien. Para serle sincero no tenía ni ganas de molestar ahora. No sé ni siquiera por qué metí la cucharada en este plato. No me haga caso...

- Y ahora ¿qué pasó?

- No sé, no sé, nada, no pasa nada.

- Viejo, si es por la manera de dirigirme a usted hace un rato, le ofrezco una...

- No, no, no es eso... Es que... no sé, más bien luego conversamos.

- Está bien, vaya a descansar, que lo necesita.

- Bueno...



Lista de cosas que me predisponen

Mudo esto para acá (y de paso hago el recuento):


Lista de cosas que me predisponen cuando conozco a alguien:

(El hecho de que uno de estos ítems me predisponga no necesariamente implica antipatía; su efecto es inversamente proporcional al tiempo que llevo en contacto con el individuo. Evidentemente, si paso más tiempo con una persona quiere decir que la predisposición no es tan severa; si no paso tiempo es porque no lo pude soportar).

  1. Errores gramaticales en el hablar (que diga cosas como: hubieron muchas personas, pienso de que, primer vez...).
  2. El uso de la frase "se nota que no sabe de fútbol" para descalificar.
  3. Un tono de risa estridente, más cuando es fingida.
  4. Que me toquen a mí o algún objeto mío sin permiso. (Esto sube al cuadrado si es con comida).
  5. Las muletillas.
  6. Propensión a usar diminutivos.
  7. Cualquier intención de aparentar.
  8. Buscar trascendencia en conversaciones fuera de contexto.
  9. Generalizar e incluirme en eso, aun si la premisa es correcta. (Ej: "A ustedes les gustan los porotos").
  10. Si haces chistes o comentarios irónicos sobre mi silencio (del tipo: "Uy, por fin habló"), te vas al diablo.
  11. Si Seinfeld te parece malo, no tenemos el mismo humor; por lo tanto no me interesas.
  12. No te autoinvites. No me gusta.
  13. No seas desleal al jugar.
  14. Si idolatra a John Lennon, se va al diablo.
  15. Que sea ruidoso.
  16. Que use la palabra "lejos" para destacar algo como lo mejor, y más si lo hace con suficiencia, como si fuera una verdad absoluta.
  17. No me haga las típicas preguntas sobre fútbol que odio responder: las que provienen de alguien que realmente no está interesado en el asunto pero que busca hacer conversación.
  18. “Aunque Pirlo sea un trequartista de media cancha para atrás, que te distribuye juego y es un pulmón en el centro del campo, Xavi te hace la misma función pero te pone más pelotas directas para tiro a gol”. Hay algo en este tipo de tuteo que me irrita. Quizás es lo afectado y pretencioso que resulta. Hay que saber tutear.
  19. Que pregunte qué música me gusta, como si eso me definiera o fuera un fértil tema de conversación. Conmigo no lo es. La música no debería dividir en clanes o sectas. 

sábado, 16 de marzo de 2013

Marzo 16


Marzo 16

- El jueves fui a clase: Gramática textual. (Qué pomposo suena, y en realidad no me queda una mierda de todas esas clases). Era un grupo pequeño: seis mujeres y yo. Una de las mujeres era una anciana. Tan pronto entré la profesora me presentó y me preguntó por mi ausencia el año pasado. Dije que había estado en mi país y ahora había decidido regresar. Me había inventado esa historia el año pasado y decidí sostenerla. La anciana me preguntó si me habían dejado salir. Le contesté que sí, pero luego pensé (y me atormenté toda la clase con eso) que su pregunta tenía un sentido raro, marcado por su sonrisa irónica.

—What the fuck do you mean?

- Después tuve Práctica profesional II: nos pusieron a hacer una exposición para abril sobre la historia del libro. Tengo que decir algo sobre el siglo XIX en ese asunto. Maldita sea: qué viejo y displicente estoy como para ponerme en ese plan. Esto haré: el día anterior, a las diez de la noche, buscaré alguna estupidez y me la aprenderé para recitarla. Después dejaré que la profesora (y quizás las otras seis mujeres) llenen los vacíos posibles de mi exposición.

- Después, por la noche, en otro grupo, tuve Literatura I. Voy al taller de Pablo Ramos, dejo mi sangre, mi espíritu y medio corazón en eso. Aprendo cómo se escribe, cómo se apuesta el alma en el asunto, cómo se hace la magia. Y el jueves tuve que sentarme a escuchar una baba teórica al respecto que no me dejaba nada. ¿De qué me iba a servir saber lo que pensaba Bajtín cuando tuviera que enfrentarme a mí mismo, explorar la naturaleza de mi espíritu y derrotar mis sombras? ¿Cómo podría un nombre o una frase aprendida de memoria defenderme de la voracidad de la literatura de verdad? Se podría decir que amplío mi cultura general, pero la verdad eso a mí me tiene sin cuidado.

Había un tipo haciéndose el payaso. Marcolli, Marconi… no sé qué mierda. Buscaba lucirse. El profesor pedía un ejemplo de algo y él hablaba; el profesor pedía una opinión y él la daba; remataba sus intervenciones diciendo: “Recuerde mi apellido”. La gente se reía. Yo, a tres puestos de distancia, pensaba: “Maldito payaso”.

Las cosas que hay que hacer para conseguir un papelucho y ser considerado un humano decente más.

- Después tuve Expresión escrita. El profesor nos pidió que escribiéramos algo a modo de presentación. Mis compañeras de ese grupo (otra vez, ¡todas mujeres! Todas correctoras) refunfuñaron. Se enfrentaron al papel con dudas: borraban, escribían lento, calculaban. Cada una le entregaba al profesor una hoja. Yo le entregué cuatro, y terminadas a la carrera, porque se me había acabado el tiempo; si hubiera podido le daba diez páginas, ¡una novela quizás!

jueves, 14 de marzo de 2013

Diciembre de 2011


Sigo aquí, en el hotel, ya sin las presiones de la facultad, y sin embargo nada fluye de Mí. Muchas veces he escuchado que la escritura deviene de una obsesión; que la literatura esta hecha de obsesiones. En la poesía se habla de temas que han dado vueltas y vueltas en la cabeza y en el alma de los poetas, y que sin más remedio son exorcizados por la salmodia de la palabra. En los cuentos ocurre lo mismo, una idea que no logra dejarte en paz, y en la novela, en la novela yo no sé; supongo que lo mismo. 

Pero a mí no me obsesiona nada, ningún tema queda taladrando mi cabeza y mucho menos me lleva siquiera a vislumbrar mi alma. El olvido es tan tajante en mí que todo, por más que en su momento me haya causado un fuerte sacudón espiritual, se desliza y se pierde en lo más recóndito de mi memoria; todo fluye en mí como un gran río de lava. 

Entonces, ¿podré ser escritor? Quizás no, pero ya estoy aquí, así que voy a intentarlo, ya he puesto en juego demasiadas cosas como para no intentarlo.

Resulte o no haré de esto mi destino inmediato, intentaré contar historias, remover mi cabeza, estrujar mi corazón. y si después… no ocurre nada, entonces empezaré de nuevo. Pero por ahora, como dice Bukowski, no queda más que darle duro a estas teclas, exprimirlas, a ver si surge la sangre de algún lado.

Pasión por mi derrota

Gibbs, Koscielny, Mertesacker, Jenkinson, Fabianski, Giroud.
Walcott, Arteta, Ramsey, Rosicky, Cazorla.

Hoy mis amigos me invitaron a almorzar y a ver el partido de Arsenal. Por cuestiones de tiempo no alcanzaba a ir donde ellos, pero si hubiera podido solo habría ido a almorzar. Los partidos de Arsenal tengo que verlos solo. Es demasiada energía mental, física (la forma en la que camino de un lado a otro podría abrir una fosa en mi cuarto) y espiritual. Pongo demasiado, se lo entrego todo al equipo, me desgasto, grito, discuto, me pongo mal, loco, eufórico, triste, he estado al borde del llanto dos veces. Este espectáculo, como el de escribir, necesita hacerse en soledad. Los partidos de Arsenal los veo encerrado y nada puede interponerse entre ellos y yo. Nada es más importante. Una vez puse algo por encima de Arsenal y me arrepiento todavía. El beso por el que cambié el segundo partido de Barcelona contra Arsenal en la Champions de dos temporadas atrás no me dejó nada sino miseria.

Cuando escribo lo hago como un mago: en una gruta oscura y silenciosa, mezclo los ingredientes, peleo y le doy mi alma al computador. Para ver a Arsenal es casi lo mismo: me aíslo de la luz, me quito la camisa y me muevo constantemente. Sé que todo este despliegue de fuerza mental no es un desperdicio, sé que los jugadores, por lejos que puedan estar, lo reciben. Sé que mi aliento los nutre y les da vigor, sé que un grito mío es un pálpito en el corazón de ellos. Ah, si tan solo pudieran (mos) hacer más.

Este es el secreto de la pasión: Arsenal y yo somos uno, compartimos nuestra esencia. Esto va de un diario viejo:

- Ayer estaba delirando y entonces llegué a la conclusión de que estoy hecho a imagen y semejanza del equipo al que tanta fuerza le hago. Veamos:

El Arsenal es un equipo que ha mantenido una idea de juego específica a lo largo de la última década, y la ha defendido por encima de los intereses económicos y las exigentes metas del frenético fútbol actual. Es un equipo que cree en la paciencia y que un estilo de juego refinado y de buen manejo de balón, aunado a una política de incorporaciones en la que prima la formación de talento desde la cantera, trae, invariablemente, buenos resultados. El gran éxito del Barcelona puede avalar su obstinada defensa de dicho ideal; sin embargo, en los últimos cinco años, esto es, la mitad del tiempo que ha defendido dicha idea, ha tenido que verse constantemente superado por equipos como el Manchester United o el Chelsea, que son un poco más agresivos en sus fichajes y manejan filosofías de juego diferentes, no tan respetuosas de la estética como la suya. No obstante, este equipo permanece fiel a sus valores, mantiene la fe en su proceso y su convicción de que hace lo correcto resulta tan inquebrantable que a veces se puede tildar de simple terquedad.

De ese mismo modo, yo me veo continuamente superado por individuos que se manejan en una forma un poco más descuidada e inmediata que yo, que velan tan solo por sus necesidades físicas y que difícilmente tienen respeto hacia algo sagrado (distinto de Dios, que a fin de cuentas es un simple artificio). Se me ocurren muchos ejemplos que podría citar para aclarar este punto, pero eso sería salirme demasiado de la ruta que lleva este registro: tendría que mencionar algunas personas y explicar su relevancia en un ámbito ajeno al del trabajo. De manera que pido una concesión en ese sentido y que se me deje establecer esa disparidad entre mis ideales, mis desproporcionados parámetros morales cuyo éxito y/o recompensa potencial jamás parece concretarse, y la decadencia de un mundo en el que, simplemente, fui incapaz de ganar trofeos a través de dichas convicciones.

En el último párrafo me refería a mujeres, también un poco a la literatura o, para abarcar todo lo que he hecho, al arte. Cada día, cada partido, cada temporada, cada derrota de Arsenal me hacen volver a este texto y revalidarlo. Arsenal y yo somos muy parecidos: nos cubre una nube de tragedia, de inseguridad, de timidez, de torpeza y mediocridad. Tenemos mucho talento, mucho potencial en nuestras piernas. Sin comprar jugadores como si fueran abalorios (Chelsea, Manchester City, Puagh), sin romper las reglas, sin jugar sucio, en silencio y buscando la elegancia, tratamos de triunfar. Damos una buena lucha hasta lo que podemos. Sin embargo, surge alguien con más jerarquía (Manchester United, Bayern Munich) y nos devuelve a nuestra realidad apocada.

Una vez llegamos a una final de Champions. Qué cerca estuvimos de coronar, qué talento tuvimos una vez, pero de repente todo se empezó a caer y las cosas no nos salieron tan bien como creíamos merecer. Ahora cada vez que veo a Arsenal siento que voy a ver a algo muy querido debatirse en un ring en el que lo van a masacrar. Sé que voy a verlo sangrar, sé que voy a verlo lastimado y caído y eso, de verdad, me entristece. Yo mismo me siento agredido, rebajado, golpeado en mis convicciones. Parece que el mundo me demostrara que si no compro jugadores de ochocientos millones de euros no podré conseguir lo que quiero. De todos modos sigo en lo mío, con mi librito, con mi manual. Adelante, no me rindo jamás, aunque me entristezco y suelo quedarme atrás, cada vez más atrás. La nube de tragedia me rodea como una niebla, me borra el panorama de lo que puedo ser.

Cuando llega el momento, cuando estoy contra las cuerdas, salgo con todo, con la sangre en el ojo, y nada me puede detener. Así dejo aturdidos a los demás, anoto tres goles, dos goles en canchas difíciles en circunstancias difíciles, pero me quedo corto, porque la derrota inicial pesa más. Me cuesta convencerme, me cuesta creer en mí mismo, me cuesta apretar al rival en su cancha, no sé leer partidos, hace rato que no gano una copa.

Por eso, algún día, cuando Arsenal gane un trofeo, sabré que parte de mí alzará la copa —esté muerto o vivo—. Por eso ansío ver a Arsenal ganar; de algún modo eso me animará a creer que yo sí puedo ganar en mi vida el título que tanto ansío.